Negociar con Europa

Negociar con Europa

La UE, negociador formidable

Por Andrés Espinosa Fenwarth, 12-2-2009

La Unión Europea es una potencia económica por derecho propio, destino principal de las exportaciones de los países en desarrollo y origen del 50 por ciento de la ayuda internacional distribuida entre las naciones más pobres del planeta. La UE es un peso pesado del comercio mundial, y por definición, un negociador formidable en materia comercial que es preciso discernir para poder sortear en la mesa de negociaciones.

Sophie Meunier, investigadora de la Universidad de Princeton de Estados Unidos, publicó recientemente el libro más lúcido sobre la política comercial de la UE de los últimos años, titulado Trading Voices. El argumento central de Meunier tiene que ver con la compleja estructura institucional europea de delegación, la elaborada definición del mandato negociador y la obligación comunitaria de negociar con ’una sola voz’. Esta insólita combinación de factores puede tener un decisivo impacto a su favor en los resultados de las negociaciones comerciales internacionales en las que la UE participa y finalmente concluye.

El proceso de delegación se inicia cuando los 27 Estados miembros de la UE ceden colectivamente la defensa de los intereses nacionales al Consejo de Ministros. Allí, estas prioridades estatales se agregan y se transforman en preferencias supranacionales. El segundo nivel de delegación se da cuando el Consejo de Ministros confía la conducción de las negociaciones a la Comisión Europea, que representa los intereses supranacionales, entidad que encauza las negociaciones según lo dispone el mandato de los ministros.

Dado que estas directivas de negociación no tienen fuerza de ley, la Comisión Europea puede separarse de ellas, pero corriendo el riesgo de tener que ’vender’ luego el acuerdo al Consejo de Ministros, que puede aprobarlo o rechazarlo. La competencia sobre las negociaciones comerciales se centra, pues, en el Consejo de Ministros y en la Comisión Europea; el Parlamento Europeo no participa, en principio, en el proceso formal de negociación ni de ratificación de lo acordado.

Ahora bien, ’la voz única’ de esta intrincada maquinaria de negociación comercial es el resultado natural de la creación de la UE que se inició en 1957. A partir de entonces ’la voz única’ ha sido el medio idóneo para dirigir la política comercial frente a terceros desde la perspectiva legal y práctica, primero como unión aduanera y luego como mercado y moneda común. La tesis central que sustenta ’la voz única’ ha sido que la unidad traería la fuerza, que a su vez consolidaría el poder de negociación internacional de Europa en los temas comerciales, como ocurre en la práctica.

Sin embargo, la pérdida de soberanía de los Estados miembros derivada del proceso de delegación ha abierto un intenso debate entre la eficiencia que genera esta estructura negociadora y la legitimidad de la política comercial. Esta última convertida en un candente tema político relacionado con un posible exceso de entrega de autonomía, que se traduce en un comprometedor déficit de democracia del proceso negociador.

Meunier concluye que legitimidad y eficiencia son cara y sello de la misma moneda. No puede haber negociaciones sin legitimidad, de la misma manera que no se pueden cerrar acuerdos sin tener en cuenta los intereses comerciales.

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