Las relaciones Washington-Lima: entre botas militares y TLC

Por Juan C. Alfaro | Desde la Redacción de APM

De visita en la capital peruana el jefe del Comando Sur James Stravidis aseguró que Estados Unidos seguirá ayudado militarmente a Perú “en la lucha contra el narcotráfico y vigilará las costas de ese país para detectar envíos de cocaína hacia Norteamérica, Asia y Europa”.

En lo que es su primera visita oficial al país andino, el almirante Stravidis aclaró que el apoyo estadounidense será “de militares a militares” en el planeamiento y ejecución de operaciones marítimas destinadas a detectar envíos ilícitos de drogas en la costa norte de Perú.

“Nuestros esfuerzos conjuntos han permitido alcanzar importantes logros en la lucha contra las amenazas transnacionales, construir la paz global, responder a los desastres naturales y proveerle asistencia humanitaria a comunidades de escasos recursos”, indicó el jefe militar estadounidense en una rueda de prensa.

“Nuestra misión es acompañar a las naciones que tienen el deseo de trabajar con nosotros en el combate al narcotráfico”, agregó.

En torno a las presuntas intenciones el despliegue militar estadounidense en la región tenga intenciones de ejercer algún tipo de amedrentación contra Venezuela, Stavridis dijo:

“Los ejercicios militares que realiza Estados Unidos en América del Sur (que incluye a Perú, que recibió un contingente militar estadounidense hace unos días) tienen como objetivo encontrar soluciones a los problemas que afectan a la región y no ejercer algún tipo de presión al gobierno de Venezuela”.

Y agregó, “no establecemos ejercicios en la región por razón de algún alineamiento de países. Buscamos amigos, alianzas”.

La actividad más resaltante que se viene realizando entre las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y del Perú es de tipo militar. Se trata del programa de ejercicios de combate simulado entre aviones peruanos caza-bombarderos MIG-29 con sus pares estadounidenses F-16.

Las pruebas de guerra en el aire se realizaron en los cielos de Chiclayo, sede del Grupo Aéreo 6 que cobija a los MIG-29, fabricados en la antigua Unión Soviética (URSS). También hubo pruebas de combate en tierra y de supervivencia en Pucallpa.

Pese a las declaraciones de aparente buena voluntad del enviado del Pentágono, es muy importante recordar que la militarización de América Latina, con la excusa de la lucha contra el narcotráfico, es una de las estrategias de Washington, para vigilar de cerca de la región ante cualquier eventualidad que afecte sus intereses.

En este marco, la periodista argentina Stella Calloni, esboza el concepto de Guerra de Baja Intensidad (GBI), donde parte del escenario a considerar “son los ejercicios o maniobras militares de Estados Unidos en toda el área, bajo el argumento primario de combate al narcotráfico, luego ampliado al narcoterrorismo y después lisa y llanamente al terrorismo”.

Así mismo, el sociólogo estadounidense; James Petras, plantea que la finalidad de los ejercicios combinados es “evitar la utilización de tropas estadounidenses y de esta forma reducir la oposición política en Estados Unidos. El modelo consiste en que Washington dirija y entrene a los ejércitos latinoamericanos mediante los programas conjuntos”.

Toda esta gama de situaciones, son por ahora moneda corriente en la política de “relaciones carnales” que mantiene el presidente peruano Alan García con el país norteamericano.

Pero no solo es preocupante para la región la cuestión de la “ayuda militar” estadounidense, sino también los alineamientos económicos que mantiene Lima con Washington.

Los Tratados de Libre Comercio (TLC), esa salida táctica estadounidense para conformar el Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA) gradualmente, está dando pasos firmes hacia su materialización en Perú.

El día de ayer, la jefa de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Susan Schwab, pidió ratificar los Tratados de Libre Comercio (TLC) que firmó su país con Perú, Colombia y Panamá durante una audiencia pública del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense.

Sostuvo que esos acuerdos comerciales son “extremadamente buenos ejemplos de cómo abrir mercados en favor de Estados Unidos”.

Durante la audiencia, la funcionaria explicó la futura política comercial del presidente George Bush en 2007 y que pedirá la extensión de la Ley de Autoridad de Promoción Comercial (TPA), conocida como fast track, que expira el 30 de junio próximo.

Schwab precisó que los acuerdos con Perú y Colombia eliminarán tarifas y barreras a las exportaciones de su país abriendo un mercado y producción combinados de casi 72 millones de consumidores y casi 550 mil millones de dólares, respectivamente.

El TLC con Perú, firmado en abril de 2006, ha permanecido en el Congreso por más tiempo que el acuerdo con Colombia, firmado unos seis meses más tarde.

Por ahora, y paradójicamente la principal oposición a las ratificaciones de los TLC se encuentra en el Congreso de Estados Unidos. Sin embargo, en el caso de Perú, el actual Gobierno implora por que se concrete el acuerdo comercial bajo los falsos argumentos de que se beneficiará la economía domestica.

Ante las políticas autónomas y progresistas de Venezuela, Bolivia y ahora Ecuador (país que dijo que no renovará el convenio con Estados Unidos para use la base de Manta). Ante las negativas de Brasil y Argentina a seguir “consejos” de la Casa Blanca y apuntar hacia una conformación más sólida del Mercosur, la mano de Washington se extiende paulatinamente sobre la región en complicidad con los países alineados a sus políticas.

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source : Agencia Periodística del Mercosur

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