Cómo los acuerdos comerciales entre la UE y Marruecos contribuyen al saqueo del Sáhara Occidental

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18 de julio, 2025

por Tomate sahraouie

La progresiva liberalización de los productos agrícolas desde 1996

Desde 1969, los acuerdos entre la UE y Marruecos siguen una tendencia continua hacia la liberalización. Iniciados en 1969 con un simple protocolo agrícola (régimen preferencial, especialmente para los cítricos y los productos tempranos, a cambio de contingentes), los intercambios se han liberalizado progresivamente hasta llegar a una situación de libre comercio casi total desde 2012: acceso preferencial de la mayoría de los productos agrícolas marroquíes a la UE, supresión de la mayoría de los derechos de aduana sobre los productos agroindustriales transformados, fuerte aumento de los contingentes para los tomates, los cítricos, el aceite de oliva y las fresas.

El desmantelamiento arancelario entre Marruecos y la Unión Europea ha reforzado en gran medida la competitividad de la agricultura marroquí, de la que el tomate es uno de los ejemplos más emblemáticos. El país se ha impuesto como un actor importante en la producción, aprovechando sus condiciones climáticas y geográficas favorables. La temporada de cultivo se extiende generalmente de octubre a mayo, lo que permite a Marruecos satisfacer la demanda europea en períodos de baja producción local. La elevada productividad del sector se basa en varios factores: un sol casi permanente, el uso generalizado de invernaderos y el riego por goteo. A ello se añade un coste de mano de obra relativamente bajo, que contribuye a mantener precios competitivos para la exportación.

Así, en 2024, las exportaciones agrícolas de Marruecos a la Unión Europea alcanzaron un nivel récord, generando alrededor de 7700 millones de euros (+3,1 % con respecto a 2023). Europa, en particular Francia, sigue siendo el principal mercado, absorbiendo el 86 % del volumen exportado. Las frutas y hortalizas frescas constituyen la base de estos intercambios, siendo el tomate el producto estrella de la agroexportación marroquí. Las exportaciones de tomates alcanzaron las 649 000 toneladas en 2024, lo que supone un aumento del 9 %, de las cuales 581 000 toneladas tuvieron como destino la UE (+18 %). En valor, el tomate representa el 29 % de las exportaciones agrícolas marroquíes a la UE, es decir, 1000 millones de euros (+3 % en un año). Esta dinámica se inscribe en una tendencia de fondo: entre 2014 y 2024, las exportaciones agrícolas marroquíes se dispararon un 211 %.

Paralelamente, Marruecos impone este mismo modelo agrícola productivista en el Sáhara Occidental

El Sáhara Occidental es un territorio no autónomo, reconocido por la ONU como pendiente de descolonización. Desde 1975, se encuentra bajo control militar y administrativo de Marruecos, sin que se haya celebrado el referéndum de autodeterminación previsto por las Naciones Unidas.

En este contexto, Marruecos ha ido implantando progresivamente un modelo agrícola productivista, centrado en la árida región de Dakhla-Oued Ed-Dahab y orientado a la exportación de materias primas agrícolas, principalmente a Europa.

En el marco del Plan Marruecos Verde (2008-2018), el reino implantó 1100 hectáreas de monocultivos intensivos y de regadío, en detrimento de los cultivos alimentarios destinados al consumo local. El tomate se ha convertido en el producto estrella: exportado casi en su totalidad a la Unión Europea, representa hoy en día alrededor del 90 % de la producción agrícola del Sáhara Occidental, con más de 1000 hectáreas y 64 000 toneladas exportadas en 2022.

Con la puesta en marcha de la estrategia Generación Verde 2020-2030, Marruecos prevé intensificar aún más este modelo agroexportador. Un amplio programa de desarrollo prevé la adición de 5200 hectáreas adicionales, acompañadas de una planta desalinizadora y una red de riego masiva. Una vez más, el tomate será el cultivo dominante, y se esperan las primeras cosechas a finales de 2025.

Las terribles consecuencias ecológicas y sociales del agronegocio del tomate

Las graves consecuencias sociales, medioambientales y sanitarias del sistema marroquí de producción intensiva de tomates son bien conocidas. Recientemente, el Observatorio de la Soberanía Alimentaria del CCFD-Terre Solidaire (informe «La France à table, le sud paie l’addition», [Francia se sienta a la mesa, el Sur paga la cuenta] publicado en junio de 2025) ha vuelto a ponerlas de relieve, recordando que este modelo agroexportador es «fruto de la historia colonial» de Marruecos.

Los acuerdos comerciales entre la UE y Marruecos favorecen el desarrollo de un modelo de agroindustria orientado a la exportación, en detrimento de la agricultura local de subsistencia. El aumento de los precios en los mercados locales hace que productos como el tomate sean inaccesibles para una parte de la población marroquí. El auge de la agricultura industrial también conlleva el acaparamiento de tierras y agua, así como su explotación intensiva, lo que agrava la precariedad de los pequeños productores locales y reduce su autonomía alimentaria. Proliferan auténticas «fábricas de tomates», en detrimento del medio ambiente y de las necesidades de los habitantes. Por último, este modelo refuerza la lógica de dependencia y dominación de Marruecos respecto a Europa.

En el plano social, las trabajadoras agrícolas, mal pagadas (alrededor de 80 dirhams al día por más de 10 horas de trabajo), denuncian condiciones laborales muy duras, sin derechos sindicales ni compensación por las horas extras, en un contexto de inflación y precariedad creciente. Desde el punto de vista medioambiental, el cultivo del tomate, muy demandante de agua (30 000 toneladas de agua por hectárea y año), agrava el estrés hídrico en la región de Agadir, ya afectada por la sequía y el colapso de los acuíferos. Para compensar, es necesario recurrir masivamente a la desalinización del agua de mar, pero este proceso es costoso, energívoro y contaminante, debido a la combinación energética marroquí, mayoritariamente basada en el carbón. Este modelo agrícola, que ya es poco rentable para los pequeños productores, beneficia sobre todo a las grandes empresas (Azura, Idyl...), todas ellas orientadas a la exportación, al tiempo que amenaza la sostenibilidad de los recursos locales y exacerba las desigualdades sociales.

En el Sáhara Occidental, el modelo de agricultura intensiva orientado a la exportación, calcado del modelo marroquí, produce los mismos efectos nocivos en los planos social y medioambiental. A esto se suma una lógica neocolonial: los beneficios generados por este sector revierten en gran medida en los grandes grupos agroindustriales marroquíes, mientras que los saharauis siguen excluidos, privados tanto del control de los recursos locales como de los ingresos que estos generan.

Los tomates en el centro de una controversia jurídica y política entre la UE y Marruecos

Inicialmente, el Sáhara Occidental estaba incluido en el ámbito de aplicación de los acuerdos comerciales entre Europa y Marruecos. Esto fue impugnado en 2012 por el movimiento independentista Frente Polisario, que recurrió a la justicia europea. El Tribunal de la UE y, posteriormente, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) le dieron la razón, precisando que el Sáhara Occidental no forma parte del territorio marroquí. En 2024, el TJUE volvió a cuestionar las preferencias arancelarias de las que se benefician los productos agrícolas procedentes del Sáhara Occidental, lo que llevó a la UE y a Marruecos a redefinir su asociación.

En enero de 2025, el Consejo de Estado francés confirmó la decisión del TJUE, recordando la necesidad de distinguir claramente el origen de los productos agrícolas importados del Sáhara Occidental. Los productos procedentes de este territorio deben etiquetarse como tales y no como procedentes de Marruecos. Esta medida tiene por objeto garantizar la transparencia para los consumidores y luchar contra el fraude en el etiquetado.

Sin embargo, el TJUE ha precisado que solo la Unión Europea, y no los Estados miembros, puede prohibir la importación de estos productos. Una situación absurda que beneficia a Marruecos, ya que las exportaciones continúan, alimentadas por una estrategia marroquí bien engrasada: los tomates cultivados en el Sáhara Occidental se envían a la región de Agadir, donde se envasan y se exportan a la Unión Europea con la etiqueta «Marruecos». Este montaje comercial suscita numerosas críticas, tanto en el plano jurídico como en el de los derechos económicos de la población saharaui.

Sobre todo, los tomates marroquíes, como los cultivados en el Sáhara Occidental, ocupan los estantes de los grandes supermercados franceses (Carrefour y Coopérative U, entre otros), sin que los consumidores sean conscientes de los retos sociales, políticos y medioambientales que ello conlleva. Ante esta opacidad, ¿podría convertirse un boicot informado en un acto militante? Dejar de comprar, cuestionar a las marcas, exigir respuestas. Al fin y al cabo, ¿no se supone que las prácticas de RSE y los planes de vigilancia de las multinacionales garantizan la transparencia en las cadenas de suministro?

source : Tomate sahraouie

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