Contra la soberanía

Contra la soberanía

Por Lilliam Oviedo, 18-10-07

“... Al aprobar estos acuerdos, también servimos los intereses de seguridad y morales de Estados Unidos. Reforzaremos nuestros lazos con nuestros amigos. Ayudaremos a combatir el falso populismo promovido por naciones hostiles”. Las frases, contenidas en el último párrafo del discurso pronunciado por George W. Bush el sábado 13 de octubre, dejan claro que la finalidad de los acuerdos de libre comercio que el Gobierno de Estados Unidos ha impuesto a varios Estados de América Latina, son la faceta económica de un proyecto de sumisión esencialmente político.

Desde la Presidencia de Estados Unidos, Bill Clinton promovió el Area de Libre Comercio de las Américas, ALCA, inició la aplicación del mal llamado Plan Colombia, que marcó un aumento de la participación de Estados Unidos en el conflicto armado de Colombia y el ensayo de nuevas formas de injerencia en toda América Latina. En un momento de destape del fundamentalismo, Bush habla de un “eje del mal” y divide el mundo entre los países que apoyan incondicionalmente a Estados Unidos y los enemigos de Estados Unidos. El y sus colaboradores proclaman que los tratados de libre comercio constituyen un arma contra los gobiernos de izquierda en América Latina, y particularmente contra el de Venezuela.

El mes pasado, en el ambiente creado por la jornada de sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, la secretaria de Estado Condoleezza Rice, dijo que firmando tratados con Colombia, Perú y Panamá, disminuiría la influencia de Hugo Chávez y su “populismo destructivo”.

Los tratados de libre comercio van dirigidos a impedir el avance político y a revertir los procesos revolucionarios que ya están en marcha. El argumento de Bush para motivar al Congreso a aprobar estos pactos, despeja toda duda.

Quienes quieren ignorar esta realidad, afirman que es necesario separar la economía de la política. En este país se ha escuchado más de una vez en la voz del presidente Leonel Fernández, quien se expresa de ese modo en un intento infeliz por justificar su apego al neoliberalismo y su actitud servil ante las disposiciones del poder imperialista.

No es posible separar la economía de la política, porque el destino de los pueblos está indisolublemente ligado a la generación y a la distribución del ingreso y la riqueza.

El 8 de agosto de 1961, Ernesto Guevara de la Serna, el legendario guerrillero que en ese momento era presidente del Banco Nacional de Cuba y Ministro de Industria, al hablar ante el Consejo Interamericano Económico y Social, dijo que “la economía y la política marchan constantemente juntas”, y denunció que el evento en el cual estaba representando al Gobierno Revolucionario era una reunión política dirigida contra Cuba. Un año y medio después, Estados Unidos oficializó el bloqueo, una medida económica dirigida a lograr una meta política.

Tenían razón el Che Guevara y los demás dirigentes de la Revolución Cubana. Y hay que decir también que la política de Estados Unidos hacia América Latina, hoy, como ayer, va dirigida a mantener la sumisión, a subirla de nivel y a presentarla como necesaria.

En los últimos días, Bush ha utilizado para hablar contra Cuba y contra los proyectos revolucionarios de América Latina todas las tribunas a su alcance. Lo hizo en la reciente reunión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas y en los actos del Día de la Hispanidad. Contra Chávez y contra Venezuela, se pronuncia también con frecuencia.

Cuando se hace evidente la intencionalidad política de los pactos económicos, los gobiernos serviles se ilegitiman todavía más y a los gobernantes entreguistas se les caen las máscaras. ¿Dónde encontrarán ahora los argumentos para decir que Bush no ha dicho lo que dijo? La confesión del socio mayor los deja en ridículo, los retrata... Por eso han optado por el silencio. ¿Les queda, acaso, otro recurso?

Fuente: El Nacional