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La lucha contra el neoliberalismo en Corea del Sur: historia y lecciones

Korean Alliance against the Korea-US FTA (KoA)
(Alianza coreana contra el TLC Corea-EEUU)
Julio de 2007

La transformación neoliberal de la sociedad surcoreana y la resistencia

El gobierno militar de la década de los ochenta

El gobierno de Chun Doo Hwan, que llegó al poder tras la masacre de ciudadanos surcoreanos en Gwangju en mayo de 1980, impuso una política de apertura de mercados y liberalización económica. Esto representó un cambio radical respecto del modelo económico del presidente anterior, Park Chung Hee, que se basaba en un mercado de capitales cerrado, la protección del mercado interno y el control gubernamental de las tasas de interés y las finanzas. Chun en cambio enfatizó la apertura de la economía al capital extranjero y el libre funcionamiento del mercado sin controles del gobierno.

A partir de 1986-89, los gobiernos militares de Chun y Roh Tae-woo lograron instrumentar políticas económicas exitosas gracias al antecedente generado por las “tres condiciones de prosperidad”. Estas tres condiciones favorables de la economía surcoreana del momento -devaluación del won, tasas bajas de interés y un precio bajo del petróleo- fueron importantes para que se produjera un florecimiento económico de dimensiones nunca vistas antes. Si la economía de exportación anterior se había basado en los bajos salarios y la explotación, estas tres condiciones de prosperidad hicieron posible que por primera vez en 45 años de historia de la economía surcoreana, se produjera un excedente comercial favorable en el primer periodo de cuatro años. En este proceso, grandes empresas capitalistas como Hyundai Motors y Samsung Electronics se expandieron, y los frutos del auge explosivo de las exportaciones comenzaron a repercutir en el país, posibilitaron el aumento de salarios, y generaron así un ciclo positivo: expansión de las exportaciones -retorno de ganancias al país- crecimiento nacional y de las inversiones: un auge económico explosivo.

Por la misma época comenzó a crecer también un intenso movimiento democratizador, que emergió en el contexto de una huelga de trabajadores. Durante esa huelga que tuvo lugar entre julio y agosto de 1987, se crearon muchos sindicatos (el número de sindicatos creció de 2675 a 4103 y la tasa de sindicalización pasó de 12.3% a 13.8%); en 1989 nuevamente tuvo lugar un periodo de crecimiento importante de la actividad sindical (7 883 sindicatos, 1 932 000 trabajadores sindicalizados y una tasa de sindicalización de 18.7%). La Federación de Sindicatos Coreanos, apadrinada por el gobierno, que fuera hasta entonces la única central sindical, fue rechazada y se crearon las bases para el surgimiento de una alianza sindical democrática independiente. Se crearon sindicatos que incluyeron mujeres y obreros de la industria manufacturera, grandes sindicatos fabriles y de empleados administrativos, y se elevó la condición y prestigio social de la clase trabajadora.

Sin embargo, tras muchas fases de lucha, se llegó a una solución de compromiso que incluía un retiro parcial de los militares del gobierno, y la participación de políticos civiles conservadores en los asuntos del Estado. El rol central que asumieron las autoridades militares y las fuerzas civiles conservadoras en esta moderada reforma democrática fue una demostración evidente de sus limitaciones, propias de un orden capitalista de democracia liberal. En realidad, según lo confirmó luego el proceso de la lucha contra el TLC, esta reforma terminó implicando un debilitamiento de la democracia.

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(Foto: Chamsaesang)

La política de apertura de mercados llevada adelante por los militares tuvo dos consecuencias. Primero, vino un movimiento de resistencia de los agricultores. En los setenta, Park Chung Hee había aplicado una política de revolución verde y de aumento de la producción agrícola bajo el principio de la autosuficiencia. Aunque su política de desarrollo equilibrado entre la ciudad y el campo resultó, en los hechos, contraria a los agricultores y favoreció a la ciudad y al capital, el haber restringido la apertura del mercado agrícola contribuyó efectivamente a aumentar la producción del campo. Pero la política agrícola del gobierno militar tuvo, por el contrario, un perfil decididamente anti-campesino. Abrir el mercado agrícola nacional implicó sacrificar los productos agrícolas en aras de asegurarle mercados de exportación a los grandes capitalistas. Los campesinos opusieron resistencia a este proceso, realizando protestas y manifestaciones de diversa envergadura en todas las regiones agrícolas del país, luchando contra las fluctuaciones de precios de la carne y los pimientos. Las protestas campesinas avanzaron lentamente y llegaron a constituir uno de los baluartes del movimiento democratizador, desarrollándose hasta transformarse en un combate frontal y generalizado contra el gobierno, conduciendo a manifestaciones nacionales de protesta en el centro de Seúl entre 1987 y 1988. Los frutos de esa lucha generaron las condiciones para la conformación de una organización de masas del movimiento campesino, de carácter independiente, la Liga de Campesinos Coreanos (KPL o Korean Peasant’s League).

Otro elemento importante fue la fricción generada a raíz de que EE.UU. exigiera abrir el mercado surcoreano a las importaciones. La política de liberalización de mercados aplicada por las administraciones militares sí expandió la liberalización en el área de la importación de productos industriales. Pero el gobierno de Reagan, que sufrió déficit gemelos (fiscal y de las cuentas corrientes de la balanza de pagos) sin precedentes, presionó enérgicamente por mercados abiertos para los productos industriales en que EE.UU. tenía fuerzas competitivas. La fricción comercial relacionada con la apertura de mercados entre ambos países se agudizó.

Periodo post-Guerra Fría y advenimiento del gobierno de Kim Young Sam

Dos cambios importantes tuvieron lugar en la sociedad surcoreana a comienzos de la década de 1990. El primero fue la caída del socialismo tras el colapso de la Unión Soviética, que tuvo por consecuencia un debilitamiento de la lucha ideológica progresista. El segundo fue un debilitamiento del movimiento democratizador con el advenimiento del gobierno de Kim Young Sam. Como resultado de estos cambios, se debilitó el movimiento progresista por el desarrollo nacional, y surgió una tendencia pro estadounidense y pro capitalista que se presentó como la única alternativa. Es éste el contexto en que, a partir de 1993, se produjo la ofensiva del gobierno de Kim Young Sam en pos del neoliberalismo con la consigna de la globalización.

Al mismo tiempo que Kim Young Sam asumía el poder, concluyó la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT por sus siglas en inglés) que dio origen a la OMC, lo que acarreó la exigencia de abrir del mercado financiero y de capitales de Corea del Sur a la economía mundial. El gobierno de Kim Young Sam buscó incansablemente el ingreso de Corea a la OMC y a la OCDE. También desarrolló el discurso de la globalización. El sector de grandes empresas coreanas aceptó con entusiasmo este discurso adornándolo con expresiones del tipo “humanidad mundial” (Samsung) y “gestión mundial” (Daewoo) como mecanismos para arrancarles concesiones laborales a los trabajadores.

Advenimiento de la OMC y apertura de los mercados financieros

A lo largo de 1994, ya en vísperas de la creación de la OMC en enero de 1995, hubo en el país protestas generalizadas contra las negociaciones de la Ronda Uruguay. En el periodo posterior al lanzamiento de la OMC, el núcleo fundamental de la política general de apertura de mercados fue la apertura de los mercados financieros. Mientras que en el modelo de Park Chung Hee el mercado de capitales estaba cerrado, la política de apertura de mercados de Kim Young Sam condujo a un debilitamiento general de las regulaciones del sector financiero que, por ejemplo, le permitió a las compañías y a los bancos atraer préstamos del exterior. Esto llevó a que, a mediados y fines de los noventa, ingresaran al país 100 mil millones de dólares originados en préstamos del exterior. Eso provocó una reacción en cadena en que ese flujo súbito de capitales transnacionales primero llevó a un sobrecalentamiento de la economía y a una burbuja inmobiliaria, luego a la fuga rápida de capitales y finalmente a una crisis cambiaria. La crisis económica surcoreana tuvo raíces similares a las crisis que tuvieron que enfrentar muchos otros países del sudeste asiático. En ese proceso, EE.UU. impidió que Corea recibiera ayuda y préstamos del Japón y forzó la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) para ejecutar la rápida reestructura de la economía surcoreana.
Aunque la injusta intervención de EE.UU. y el FMI condujo a la adopción apresurada de los preceptos subyacentes del neoliberalismo para la economía surcoreana, esto no generó una resistencia de masas en el país, ya que no existía una conciencia desarrollada sobre el sistema neoliberal.

En particular, la Confederación de Sindicatos Coreanos que había liderado las manifestaciones de protesta más multitudinarias en la historia del movimiento obrero contra el empeoramiento de la legislación laboral a fines de 1996 y comienzos de 1997, no se alzó en masa cuando se introdujo el sistema de administración del FMI menos de un año después. Esto demuestra claramente la debilidad del movimiento sindical y de las fuerzas progresistas.

Los actores más fuertes y más poderosos a mediados de los noventa eran los campesinos. A lo largo de todo 1994, los agricultores y campesinos coreanos se movilizaron contra la apertura de los mercados agrícolas. En aquel momento los estudiantes, que también podían sostener un nivel de movilización muy alto, apoyaron la lucha de los campesinos. Muchos intelectuales progresistas participaron también. La apertura del mercado del arroz fue el nudo de las luchas campesinas. El arroz, símbolo de la sociedad coreana desde hace miles de años, es además el centro de la agricultura surcoreana. La envergadura de la lucha por la protección del mercado del arroz fue equiparable a la fuerza del valor simbólico del arroz. No obstante, ante la falta de apoyo en las grandes ciudades y el sentir general de la opinión pública que consideraba inevitable la apertura del mercado, el movimiento campesino no pudo superar los obstáculos y finalmente se debilitó.

Un movimiento de gran vuelo contra el neoliberalismo

La crisis asiática de 1997, que arrojó a la sociedad surcoreana en un mar de confusión y penurias, es una dramática expresión de la poderosa influencia que puede ejercer la globalización sobre un Estado-nación. El sistema de administración introducido por el FMI en Corea del Sur como resultado de la crisis cambiaria tuvo una influencia directa y total sobre la economía, e indirectamente afectó profundamente otras áreas de la sociedad. La lucha contra el neoliberalismo maduró y se generalizó cuando se implantó el sistema del FMI en 1997, y gradualmente afectó a toda la sociedad.

Resistencia popular diversa contra el neoliberalismo

(1) La lucha de los trabajadores.
El sistema del FMI acarreó necesariamente la liberalización de los mercados agrícolas, de los mercados financieros y de toda la sociedad, la privatización de las empresas públicas y el ajuste estructural acompañado por despidos masivos. El resultado de estas transformaciones en la economía fue evidente: un deterioro de las condiciones de vida de trabajadores y campesinos que los llevó paulatinamente a la destrucción.

En el proceso de liquidación de empresas y de ajuste estructural, un número muy grande de trabajadores quedó sin empleo. Eso generó un movimiento de resistencia. Un ejemplo representativo de ese movimiento fue la lucha por bloquear la venta de Daewoo Automotores a capitales extranjeros. Tras la crisis del FMI, el Grupo Daewoo enfrentó una crisis de insolvencia y necesitaba liquidez monetaria para salvarse. Trató de obtener el dinero mediante la venta de sus activos poco confiables. Pero no fue fácil encontrar comprador, y Daewoo terminó vendiéndose a una compañía estadounidense, la General Motors, por un monto mucho menor al valor real. Para debilitar las actividades del sindicato de trabajadores de Daewoo Automotores, reconocido como un sindicato fuerte, y al mismo tiempo aumentar la productividad a través de la reducción de personal, gm exigió que se realizaran despidos masivos antes de comprar Daewoo. El resultado fue que una mañana unos 1740 trabajadores se encontraron con que ya no tenían empleo, por lo que se unieron para emprender una lucha a gran escala.

La lucha por impedir la venta de Daewoo Automotores, que llegó a su punto álgido en 2001, terminó con un gran número de personas encarceladas y 1740 desempleados, pero también significó el despertar de los trabajadores surcoreanos a las inclemencias de la globalización neoliberal. Al mismo tiempo, sirvió para motivar la participación activa de los trabajadores en la lucha contra el neoliberalismo. El inicio de una lucha de envergadura contra la privatización de las empresas públicas puede remitirse al anuncio del gobierno que en 2002 explicitó su intención de privatizar las empresas públicas. Tras la crisis del FMI, el gobierno surcoreano pretendió dividir la empresa pública de electricidad Korea Electric Power Corporation y vender las partes una vez que hubiese completado la división. También anunció sus planes de dividir la industria ferrocarrilera en un sector de instalaciones y otro de administración y privatizarlos, así como su intención de privatizar la empresa pública del gas Korea Gas Corporation.

En respuesta a estos anuncios, los sindicatos de Korea Railroad Corporation, Korea Electric Power Corporation y Korea Gas Corporation se declararon simultáneamente en huelga en febrero de 2002 para frenar las privatizaciones, y llevaron a cabo una lucha histórica. El sindicato de la usina de generación eléctrica estuvo en huelga durante 37 días. La huelga se transformó en una oportunidad importante para hacer conocer los efectos negativos de las privatizaciones al conjunto de la sociedad surcoreana. Si no se hubiera desarrollado esa lucha, hoy prácticamente todas las empresas públicas surcoreanas estarían privatizadas.

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Lanzando el zapato de un policía anti-motines durante una mobilización contra el TLC en Seúl, el 11 de noviembre del 2007. (Foto: Ahn Young-joon, AP)

Otro de los efectos negativos del neoliberalismo sobre los trabajadores es el aumento de la precariedad del empleo; las protestas abarcaron también este problema. En el periodo previo al programa del FMI, el término “empleo irregular” era algo poco común, pero en 2007 los trabajadores irregulares ascendieron a 8.6 millones de un total de 13 millones. Estos trabajadores irregulares perciben cerca de la mitad del salario de los trabajadores regulares, y se ven obligados a padecer jornadas laborales muy extensas. La porción del mercado laboral que ocupan los trabajadores irregulares sigue creciendo a ritmo acelerado, aunque no así el porcentaje de trabajadores sindicalizados, y la solidaridad con los trabajadores regulares no está muy extendida. No obstante, la lucha de los trabajadores irregulares ha despegado rápidamente.

Esta lucha obrera comenzó no como una ofensiva dirigida al conjunto de la globalización neoliberal, sino como una protesta defensiva contra la amenaza que ésta representaba para el derecho a la vida de los trabajadores. Sin embargo, en el curso de la lucha creció la conciencia de que pelear contra las privatizaciones de las empresas públicas, la lucha por detener la expansión del empleo irregular y otras formas de trabajo precario, la lucha contra la absorción de empresas surcoreanas a manos de empresas extranjeras y la lucha contra los despidos masivos no son problemas separados, sino partes constitutivas del movimiento contra el neoliberalismo.

(2) La lucha de los trabajadores de la industria del cine y los intelectuales.
Desde comienzos de los noventa, los trabajadores de la industria cinematográfica se resistieron a su apertura y emprendieron protestas populares contra la reducción de la ‘cuota de pantalla’, que exigía a los dueños de los cines proyectar películas coreanas al menos 146 días del año. Esta lucha marca un renacimiento de la industria cinematográfica surcoreana, y la enorme popularidad de estos trabajadores del cine surcoreano tuvo por resultado una capacidad de movilización considerable y una creciente influencia en la sociedad. Los intelectuales también concretaron su resistencia al neoliberalismo. Después de la crisis del FMI, con la creciente antipatía de la ciudadanía ante la conducta inmoral y el carácter meramente lucrativo del capital transnacional, aparecieron formas de resistencia teóricas y materiales contra el capital especulativo. La influencia expansiva de esos grupos de intelectuales dejó al descubierto las condiciones nocivas de las inversiones nocivas en la economía surcoreana y la normalización de los ajustes estructurales, señalando una dirección de lucha.

(3) La lucha de los agricultores creció enormemente en dimensión.
Debido a la política de apoyos a la producción agrícola del gobierno en los comienzos de la crisis del FMI, el movimiento campesino que estaba estancado comenzó a retomar fuerzas en 2000, y la lucha del sector irrumpió como lucha de masas nuevamente. En 2000 lucharon por la anulación de las deudas de la agricultura familiar y en 2002, con la elección presidencial a la vista, el movimiento reunió 130 mil personas en Seúl con la bandera de la oposición a la apertura del mercado del arroz. Surgió así un gran movimiento para proteger la existencia del campesinado y la agricultura surcoreana, amenazados por la globalización neoliberal.

(4) Las luchas conjuntas y contra la globalización neoliberal se fortalecieron.
Comenzando por el kctu y la KPL, los distintos movimientos progresistas se unieron para conformar la “Solidaridad del Pueblo Coreano” (Korean People’s Solidarity) que articuló la lucha conjunta en torno a distintos temas, y realizó actividades conjuntas de oposición a los organismos internacionales ejecutores del neoliberalismo, tales como la reunión ministerial de la OMC, la Cooperación Económica del Asia-Pacífico (APEC) o el Programa de Doha para el Desarrollo (DDA por sus siglas en inglés), por ejemplo. Estas luchas solidarias contra el neoliberalismo, realizadas bajo distintas consignas tales como “contra la liberalización del arroz / y del mercado de servicios en la OMC”, “contra el TLC Corea-Japón y contra el Tratado Bilateral de Inversiones Corea-EE.UU.”, “contra la globalización neoliberal”; “por el aumento de lo público en la sociedad”, fueron llevadas a cabo como actividades colectivas de la lucha contra el neoliberalismo.

(5) Se extiende nacionalmente la resistencia contra las organizaciones económicas globales y aumentan las actividades internacionales de solidaridad.
Además de la resistencia a las políticas y al régimen nacional neoliberal dentro de Corea del Sur, ha surgido también un movimiento popular contra los cuarteles generales de las instituciones del sistema económico mundial. Las organizaciones populares participaron en las protestas de masas contra las reuniones ministeriales de la OMC en Cancún (2003) y Hong Kong (2005). Más aún, las luchas contra el Foro Económico Mundial y la APEC emprendidas por las organizaciones sociales de masas en Corea del Sur demuestran el crecimiento de la conciencia política que conecta los intereses del pueblo surcoreano y los problemas globales.

La experiencia de esta serie de protestas de masas se transformó en la fuerza motivadora y motriz que sustentó la lucha contra los tratados bilaterales de libre comercio, en particular la vigorosa batalla de casi dos años contra el TLC Corea-EE.UU. La oposición a la globalización neoliberal, a la OMC/DDA/FMI y a otras reuniones de organismos mundiales, y a los TLC bilaterales ocurre en el mismo contexto dentro de la sociedad surcoreana.

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Manifestación contra el TLC en Seúl, durante la 6ª ronda de conversaciones de EE.UU.-gobierno de Corea. (Foto: Chamsaesang)

Las luchas contra los TLC

Tras la instauración del programa de administración del FMI en 1997, la opinión pública surcoreana pudo sentir de manera tangible el impacto de los principios de la globalización neoliberal en la sociedad surcoreana. En medio de la oposición popular, el gobierno de Noh Moo-hyun comenzó a impulsar la negociación de TLC bilaterales a comienzos de febrero de 2003, con el pretexto de transformar Corea del Sur en una nación avanzada en materia de comercio. Por tanto, la lucha contra los TLC sigue estando intrínsecamente unida a la lucha más amplia contra la globalización neoliberal. Esta ofensiva del gobierno coreano en pos de los TLC ha conducido a la concreción de acuerdos con Chile (en vigor desde abril de 2004), con Singapur (en vigor desde marzo de 2006), efta (en vigor desde septiembre de 2006), ASEAN (en vigor desde junio de 2007), y a la negociación y conclusión de un TLC con EE.UU. (en abril de 2007). Corea del Sur se encuentra en este momento en negociaciones con 41 países, entre ellos la UE, ASEAN (sobre servicios e inversiones), Canadá, India, México y Japón.

La lucha contra el TLC Corea -Chile

El TLC Corea-Chile marcó el inicio de las luchas anti-TLC. La firma de este TLC prometía asestarle un golpe mucho más fuerte al sector agrícola surcoreano que a los sectores industriales y de servicios. Por eso se reanudó la confrontación entre los agricultores y el gobierno, que impulsó un TLC menos gravoso antes de abordar seriamente otros TLC con los países avanzados. Justo antes de que asumiera el gobierno Noh Moo-hyun en enero de 2003, el presidente Kim Dae-Jung concluyó repentinamente el TLC Corea-Chile, que había sido objeto de largas y lentas negociaciones durante varios años. Desde ese momento hasta el día de su ratificación por la Asamblea Nacional el 16 de febrero de 2004, tuvieron lugar 114 manifestaciones en Seúl, incluida la gran manifestación sobre el puente del río Han y la ocupación de la autopista el 20 de junio, que lograron postergar tres veces la ratificación del TLC.

Como esto sucedió durante el periodo inmediatamente previo a las elecciones generales de 2004, la lucha de los campesinos concitó la oposición de más de la mitad de los miembros de la Asamblea Nacional contra ese TLC. Sin embargo, en enero de 2004 la prensa chilena informó que Corea del Sur se esforzaba por lograr un TLC con Chile porque recientemente EE.UU. había firmado un TLC con Chile. En ese momento el embajador coreano en EEUU, Han Seung-Joo, alertó al presidente del Gran Partido Nacional (Grand National Party-GNP), un partido de ultra-derecha conservadora y mayoritario, que EE.UU. solicitaba la aprobación inmediata del TLC Corea-Chile. El presidente del GNP llamó entonces a todos los miembros del partido integrantes de la Asamblea Nacional y los amenazó con retirar sus candidaturas para la elección nacional si no adoptaban unánimemente la plataforma partidaria de apoyo al TLC. Con la aprobación abrumadora de los miembros del GNP, el TLC Corea-Chile fue ratificado por la Asamblea Nacional el 16 de febrero.

En 2004, las negociaciones de la OMC sobre el arroz acarrearon un aumento del 8% en las importaciones de este cereal, y un acuerdo para la apertura total del mercado surcoreano de arroz a partir del 2015 a más tardar. El voto contra la apertura del mercado de arroz organizado en 2004 por activistas campesinos contó con la participación de 230 mil personas, y el 10 de septiembre se llevó a cabo una protesta nacional en 100 distritos urbanos donde participaron 170 mil personas. A pesar de la enérgica resistencia campesina, los resultados de las negociaciones de 2005 sobre el arroz fueron aprobados por la Asamblea Nacional. Además, la policía abatió a golpes al mártir Jun Yong-Chul el 15 de noviembre, y una delegación de 2 mil personas incluyendo 1 500 campesinos viajó a Hong Kong para participar de las protestas contra la 5ª Conferencia Ministerial de la OMC. Esa delegación fue muy elogiada por la comunidad internacional en virtud de su estilo de protesta conocido como Samboilbae (tres pasos adelante, una reverencia, y así sucesivamente) y sus esfuerzos para impedir la reunión ministerial. Pese a todo, no obstante, el acuerdo sobre el arroz fue finalmente ratificado por la Asamblea Nacional.

La lucha por frenar el TLC Corea-EE.UU.

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Movilización de campesinos en Jeju, octubre de 2006. (Foto: Chamsaesang)

En febrero de 2006, el gobierno surcoreano anunció que avanzaría en pos de un TLC con EE.UU. El TLC Corea-EE.UU. era prioritario no sólo por razones económicas, sino como un intento de aprovechar la estrategia político militar estadounidense de bloquear a China. El gobierno de Noh Moo-hyun alega que una de las razones que lo impulsaron a firmar un TLC Corea-EE.UU. fue controlar el crecimiento de China, y que para eso debía alinearse con EE.UU. Esto demuestra que existió un motivo político poderoso para impulsar un TLC con EE.UU. La ofensiva inesperada para conseguir la firma del TLC Corea-EE.UU. fue denunciada como una negociación vergonzosa y precipitada. No sólo no fueron debidamente preparadas las negociaciones, sino que desde el inicio se llevaron a cabo de prisa con tal de concluirlas a fines de junio, antes que venciera la vigencia de la Ley de Autoridad de Promoción del Comercio (conocida como Fast Track) del Congreso estadounidense. Por este motivo, en apenas 11 meses, se firmó el TLC tras ocho rondas de negociaciones.

El gobierno surcoreano se avino a las cuatro precondiciones fijadas por EE.UU. para iniciar las negociaciones, incluida una reducción de la cuota de pantalla, la reanudación de las importaciones de carne, cambios en las reformas del sistema de fijación de precios de los medicamentos y una mayor laxitud en la norma de emisiones de los automóviles para permitir la importación de más autos estadounidenses. Ésta no fue una negociación normal entre Estados sino una muestra simbólica de la posición humillante del gobierno surcoreano ante las demandas coercitivas de EE.UU. Estos elementos centrales del TLC fueron objeto de una gran oposición por parte del movimiento anti-TLC.
El TLC Corea-EE.UU. unificó al movimiento contra la globalización neoliberal que había actuado de manera dispersa desde la crisis del FMI. El 28 de marzo, obreros, campesinos, intelectuales, profesionales del cine, y movimientos sociales progresistas que luchaban solidaria y decididamente contra la globalización, se unieron para conformar la Korean Alliance Against the Kor-US FTA o Alianza Coreana contra el TLC Corea-EE.UU. (KoA). Fiel a su nombre, la KoA se transformó en el marco para las luchas colectivas contra el neoliberalismo. Esta alianza incluye subcomités para distintos sectores como consumidores, finanzas y salud. Ella ha trascendido las facciones políticas y las condiciones de clase, para transformarse en una organización paraguas para los movimientos sociales y de masas de carácter progresista en la sociedad surcoreana. La KoA organizó expediciones de protesta para coincidir con las negociaciones del TLC en EE.UU. y convocó manifestaciones de gran escala en Corea del Sur. Al mismo tiempo, ha desplegado una gama variada de actividades, entre ellas distintos eventos publicitarios y conferencias públicas que han concitado participación masiva.

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En mayo de 2007, campesinos de Corea fueron a París para expresar su desafío ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), que establece normas para la inocuidad de los alimentos en el comercio de la carne. Los coreanos han estado tratando de mantener el sector de la carne de EE.UU. fuera de su país debido a la preocupación por la enfermedad de la vaca loca, pero el TLC de EE.UU. insiste en tener este mercado abierto.

El gobierno se movió con rapidez, inaugurando la primera ronda de negociaciones el 5 de junio de 2006 mientras las fuerzas anti-TLC se abocaban a acumular fuerzas. A comienzos de julio, cuando se realizaron las conversaciones de la segunda ronda, la opinión pública tenía ya una posición mayoritariamente crítica, contraria al TLC. Ante esto, el gobierno creó el Comité de Apoyo al TLC Corea-EE.UU. y fortaleció su control sobre la opinión pública y la represión contra el movimiento anti-TLC. La represión contra las fuerzas anti-TLC recrudeció de tal manera que cuando se realizó la tercera ronda de conversaciones en la isla de Jeju, más de diez mil efectivos policiales fueron destacados en la isla, lo que de hecho significó que la isla estuviera bajo ley marcial. Además, desde el otoño (boreal) de 2006 y hasta la primavera de 2007, el gobierno le bloqueó el ingreso a los campesinos desde las zonas rurales hasta Seúl para que no pudieran participar en manifestaciones de protestas en la ciudad, denegó autorización para cualquier tipo de manifestación y censuró la propaganda contraria al TLC. Estos actos de prepotencia demuestran la naturaleza fascista del gobierno de Roh Moo-hyun, que ha pretendido ser representante de las fuerzas de la democracia. Además arrestó y encarceló a Oh Jong-ryul y a Jung Gwang-hoon, dos líderes simbólicos de la KoA, y muchos campesinos y trabajadores que luchaban contra el TLC fueron también arrestados en todas las regiones del país.

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La represión contra el movimiento, incluyendo el encarcelamiento de dirigentes como Oh Jong-ryul, ha sido fuerte.

Tras muchos vaivenes, el TLC Corea-EE.UU. finalmente se firmó el 2 de abril de 2007. Después de concluido, la opinión pública favorable al acuerdo superó a la oposición. Eso significó un aumento importante en el porcentaje de personas a favor del acuerdo en comparación con 2006, cuando las opiniones a favor y en contra estaban parejas. Este cambio se explica porque la plataforma clave de la lucha anti-TLC se había centrado en el carácter precipitado de las negociaciones, de modo que una vez concluido el acuerdo se impuso un sentimiento general de resignación. Uno de los elementos que detuvo el avance del movimiento anti-TLC antes de la firma del acuerdo fue la particular configuración ideológica de la sociedad surcoreana. Después que Kim Young Sam profesó la adopción oficial de la globalización, la tendencia general del pensamiento dominante fue considerar la apertura de mercados y la globalización como inevitables.

Ese es en parte el resultado de haber vivido bajo la influencia de la economía orientada a la exportación impuesta por Park Chung Hee entre 1961 y 1979. La consecuencia ha sido el desarrollo de una fuerte corriente de pensamiento que dice que aunque el TLC Corea-EE.UU. tenga problemas, igualmente hay que firmarlo. Otra razón es la particular actitud de la sociedad surcoreana respecto de la relación con Estados Unidos. La mayoría de los ciudadanos surcoreanos considera que el TLC Corea-EE.UU. implica daños de algún tipo para Corea del Sur, y que EE.UU. lleva las de ganar. Sin embargo, entre esa mayoría, hay una gran mayoría de ellos que consideran que tratándose de un acuerdo con EE.UU., hay que firmarlo. Esto se debe a la gran influencia que tiene Estados Unidos sobre la sociedad surcoreana, y a que a la luz de esa influencia se ha constituido una ideología favorable a Estados Unidos. Se puede decir que el poder de Estados Unidos en Corea del Sur es absoluto. La razón por la cual pudo concluirse el TLC a pesar de contener disposiciones perjudiciales sin precedentes, es que se cree en la supremacía de Estados Unidos e impera la idea resignada de que el TLC es inevitable para mantener la alianza Corea del Sur-Estados Unidos. Esta situación es aún más difícil ya que son precisamente los grupos más influyentes de la sociedad los que muestran una mayor tendencia a aceptar esas creencias.

Conclusión

El TLC Corea-EE.UU. es la consumación de los avances de la globalización neoliberal que está en curso desde 1980. Este TLC Corea-EE.UU. y otros TLCs constituyen el corazón de la política neoliberal. Eso se hace más evidente a medida que la gente común sigue teniendo que enfrentar penurias cada vez mayores como resultado de la globalización neoliberal. Las consecuencias del TLC Corea-EE.UU. tendrán un impacto decisivo de aquí en adelante sobre el camino de la economía surcoreana. Ahora el único paso pendiente es que la Asamblea Nacional ratifique el TLC Corea-EE.UU. Hoy se hace imprescindible fortalecer y enfocar más efectivamente el movimiento de masas que lleva ya un año de existencia, y utilizar las elecciones presidenciales y generales como una nueva oportunidad para hacer avanzar el mapa político surcoreano en una dirección más progresista.

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Vigilia con velas, el 11 de mayo del 2007. (Foto: cortesía de la KoA)