¿A dónde va el TLC en Costa Rica?

En esas naciones, pese a la enorme resistencia popular y los más contundentes argumentos para no aprobarlo, sus respectivas administraciones le dieron el sí al instrumento de dominación comercial.

En Costa Rica, el fuerte movimiento antiTLC ha puesto en jaque al Gobierno, que se apresura en ratificar el acuerdo, negociado desde la administración de Abel Pacheco.

Lejos está de parecer que dicho convenio es una herencia del pasado. Lo cierto es que la dinastía Arias mucho ha tenido que ver y por eso apura su puesta en práctica.

Según el presidente de la Unidad Social Cristiana (PUSC), Luis Fishman, y exgobernante del país, la influencia de los hermanos Oscar y Rodrigo Arias estableció las líneas de la negociación.

En el anterior gobierno, el actual ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias, fungía como asesor del ex presidente Abel Pacheco, "situación con la cual se justifican las directrices tomadas en torno al TLC."

Entonces, el equipo de negociación puso en juego la agenda de desarrollo del país al ir más allá de una simple reforma en materia comercial, pues el TLC acordado, detalla Fishman, impone un modelo de desarrollo que sobrepasa los alcances de lo que sería un acuerdo de este tipo.

Dentro de estos aspectos se destacan la inminente apertura de los monopolios estatales de comunicaciones y del seguro social. A criterio del representante del PUSC, tendría que ser una decisión del país y no producto de un TLC.

Por otra parte, y en eso coinciden los cientos de miles de opositores al tratado, lo negociaron bien alejado del escrutinio público y sin tener en cuenta las particularidades del país en relación con los otros signatarios del área que ya lo implementaron.

Ese convenio, muy peligroso para la soberanía de las naciones comprometidas, ofrece a las empresas transnacionales derechos amplios, nuevos, jurídicamente exigibles, en mercados extranjeros, en función de intereses geopolíticos.

Los TLC en general, y este en particular entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (CAFTA, por sus siglas en inglés) comprometen a los países a realizar una liberalización acelerada del comercio de bienes, como los productos agrícolas.

También incluyen nuevas normas para el comercio de servicios, los derechos de propiedad intelectual, la inversión, entre otros.

Ayudan, además, a desmantelar los estados a través de la privatización, la desregulación y le quitan a los tribunales nacionales jurisdicción sobre las controversias que se puedan presentar.

Pero, ¿a dónde va el TLC en Costa Rica? Sin dudas, a su ratificación, a la suma al bloque centroamericano que secunda las intenciones del consenso de Washington.

Para el mandatario costarricense el camino será tan fácil como lo fue para lograr su reelección como presidente de la república, pese a que la Constitución no lo permitía.

Las bases en el Congreso están sentadas desde la presidencia de Pacheco, el error histórico ya está en camino.

Para un país subdesarrollado con escasas fuentes económicas la competencia con el gran mercado norteamericano, más que un reto, es un suicidio.

Así se ha demostrado en México y más recientemente en los vecinos de la subregión.

Recientemente, Germán Cartagena, presidente de la Confederación de la Reforma Agraria Salvadoreña, afirmó que el CAFTA ha contribuido al incremento del déficit comercial.

De acuerdo con Cartagena, durante los primeros seis meses de la implementación del acuerdo, todos los productos del agro han sido afectados, pero los más críticos fueron el maíz y el arroz, así como algunas hortalizas.

Es que los TLC empujan a los países a exportar los mismos productos a las mismas estrechas opciones de mercado, exprimiendo a los sectores pobres en una despiadada competencia por migajas.

Con este instrumento de recolonización, toda ganancia va a parar a las manos de los monopolios capitalistas y de las oligarquías financieras nacionales, aun si se incrementaran la producción y las exportaciones.

Muy fuerte y organizada debe ser la presión que ejerzan las organizaciones sociales costarricenses que lo rechazan para detener su curso.

Ya el gobierno comienza a mostrar temor por la inminente lucha, particularmente por la alianza confirmada entre el principal partido opositor Alianza Ciudadana y las organizaciones contra el Tratado.

De todas formas, y aunque las experiencias apuntan a la venta de Costa Rica, toda esperanza cabe.

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source: Prensa Latina