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Brasil se define: dentro de la OMC todo, fuera de ella, nada

México manifestó oficialmente su intención de resucitar el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) tras el fracaso el 24 de julio pasado de la Ronda del Desarrollo de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Fue el primer indicio de lo que se venía: un reflujo fortísimo por imponer tratados de libre comercio (TLC) bilaterales, donde los poderosos tratarían de convencer a los débiles de la necesidad de aceptar sus leoninas condiciones. Total, todos sabemos que el camino a la felicidad es el TLC.

Brasil ayer tomó posición: el ámbito donde discutir las condiciones para un comercio mundial que beneficie a todos es la OMC. Su canciller, Celso Amorim, informó que la Administración del presidente Luiz Inacio Lula Da Silva prepara una reunión del Grupo de los 20 (G-20) en Río de Janeiro para septiembre con el fin de revivir las negociaciones caídas de la OMC.

La fecha tentativa del encuentro será el 9 y 10 de septiembre para aprovechar que negociadores del G-20 de la India y Sudáfrica estarán en un encuentro cumbre en Brasilia con el mandatario anfitrión el 13 de septiembre.

El G-20 es un grupo de naciones que en otras épocas se las denominaría en vías de desarrollo, y hoy la retórica las define como "mercados emergentes", con un gran potencial agrícola pero también industrial, y con más de 3.500 millones de habitantes.

Este encuentro va a ser "una reunión de evaluación y trazar estrategias", según el canciller Amorim en conferencia de prensa ayer a la salida del Senado, en Brasilia.

Allí, el ministro brasileño expresó que para algunas naciones e incluso sectores industriales es "muy tentador a la señal de las primeras dificultades (en la OMC) decir `vamos a intentar aquí otra cosa, ya que la OMC no salió bien`".

Pero lo más sustancial de sus dichos se oyeron de inmediato: "No, no existe alternativa a la OMC. Si no sale bien la OMC, el perjuicio será gravísimo, no sólo para Brasil, sino para todos, inclusive como señal al mundo de la quiebra del sistema multilateral", aseveró, tras lo cual justificó que el fracaso definitivo de la Ronda de Doha podría sumergir al globo en una ola de proteccionismo.

"Estamos viviendo una emergencia en el área de las relaciones comerciales y de lo que se trata es de sacar a la OMC de la UTI (Unidad de Tratamiento Intensivos), pero no para (llevarla) al crematorio, como dicen algunos, sino revivirla y hacer que lleguemos a un acuerdo", añadió.

Las discusiones de la OMC se estancaron hace meses en una disputa en torno a un mayor acceso a los mercados agrícolas de los países ricos —demanda fundacional del G-20— a cambio de una apertura de los sectores de bienes industriales y de servicios de las países en desarrollo, la contrapartida exigida por el bloque de 25 naciones de la Unión Europea y Estados Unidos, entre otros, para acceder a reducir sus tarifas como a eliminar los subsidios.

El G-20, surgido a raíz de una reunión ministerial de la OMC en septiembre del 2003 y con el objetivo de presentar una posición en bloque de naciones en desarrollo, ha visto variar su número de miembros y actualmente cuenta con 21 integrantes: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, China, Cuba, Egipto, Filipinas, Guatemala, India, Indonesia, México, Nigeria, Paquistán, Paraguay, Sudáfrica, Tailandia, Tanzania, Uruguay, Venezuela y Zimbabwe.

Brasil ha tomado el liderazgo que por peso específico le corresponde con dignidad y altura. Brasilia y el resto de las capitales del diversificado G-20 deben mantener la unidad ante las tentaciones de las potencias para definir, una vez más, cómo gira el mundo.


 source: Agencia Periodística Mercosur