Centroamérica: Mal sabor del TLC con Europa

Centroamérica: Mal sabor del TLC con Europa

26-5-2010

A pesar de que el ministro de Economía de Guatemala, Rubén Morales, ha venido defendiendo, a capa y espada, el Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea (UE), denominado Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la UE, ha trascendido que los resultados de la negociación comercial no son tan positivos como él dice.

Aunque el ministro Morales ha manifestado que en la negociación “no sacrificamos a ningún sector en beneficio de otro”, los sectores productivos afectados tienen la impresión contraria y así lo han expresado.

También se tiene la percepción de que los negociadores de los países centroamericanos cayeron en la trampa de la ansiedad, sobre todo considerando que sus gobernantes estaban en Madrid, España, y deseaban firmar el Acuerdo de Asociación a como diera lugar. Sin duda, para los intereses de Guatemala no contribuyó mucho que el presidente Álvaro Colom estuviera a la espera.

Tampoco dejó un buen sabor que la UE, después de que insistió en que la negociación debía ser con todos los países de Centroamérica y no solamente con uno o algunos, a la hora de la hora, para superar posiciones insatisfactorias para la UE, los representantes de esta decidieron negociar con cada país por separado, es decir, que “bilateralizaron” la negociación, llegando, incluso, a afirmar que a la UE le tenía sin cuidado si se firmaba sólo con unos países y no con todos.

Hay quienes afirman que el “proteccionismo europeo” se impuso sobre una Centroamérica dividida, cuyos negociadores carecían de estrategia y se vieron forzados por la exigencia de firmar a como diera lugar.

Asimismo, los países del Istmo, lejos de formar un bloque único, cedieron y negociaron por separado, extremo que, aparentemente, tuvo un alto costo para los intereses de cada país.

Esta negociación ha puesto de manifiesto la falta de congruencia de metas entre el Gobierno y el sector privado, derivada de ausencia de una alianza público-privada, con estrategia de largo plazo, que sí existe en otros países que apuestan al desarrollo económico y al progreso social.

Ahora le toca al Congreso ratificar o no el referido Acuerdo de Asociación, pero todo apunta a que la suerte está echada. Pues nada, como dicen los españoles.