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Chile: sorpresivo centro de resistencia a los TLC en el continente

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Por Patricio López | 17-10-19

Chile: sorpresivo centro de resistencia a los TLC en el continente

En los sectores vinculados al tema en América Latina llama la atención cómo el país que ha firmado más TLC en el mundo, y casi siempre sin discusión, sea hoy el lugar donde el TPP-11 ha generado más cuestionamientos y dificultades en el trámite parlamentario.

Este jueves continúa discutiéndose el TPP-11 en la Comisión de Constitución del Senado, sesión a la cual han sido convidados los profesores de la Universidad de Chile Liliana Galdámez, Fernando Atria y Francisco Zúñiga. Es primera vez entre los 26 tratados de libre comercio firmados por el Estado que una tramitación pasa por esa instancia. En estricto rigor, es también primera vez que se realiza una discusión política y técnica sobre un tratado, si se compara -por poner un ejemplo- con la firma del TLC con Estados Unidos, donde el único voto en contra del entonces diputado socialista Sergio Aguiló le valió ser llevado a las instancias disciplinarias del partido, por deslealtad con el gobierno del presidente Ricardo Lagos.

Esta vez, ya durante el paso por la Cámara de Diputados se había producido la sorpresa: el TPP-11 casi fue rechazado y el Gobierno debió postergar la votación tres veces seguidas ante el temor de perder. Foros en universidades, rayados en la calles y hasta funas a parlamentarios fueron parte de las semanas de incertidumbre, en un clima muy poco habitual para un proyecto de ley tan técnico: los capítulos y los anexos suman más de 5 mil páginas.

Lo ocurrido en Chile dista de los otros dos países del continente suscriptores del TPP -Perú y México, donde no hubo mayores zozobras. El investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana de México e integrante de la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC), Alberto Arroyo, señala que “desgraciadamente en México el gobierno neoliberal anterior fue el primero en ratificarlo con apoyo gran parte de la las izquierdas. Pero lo más desconcertante es que el partido del ahora presidente Andrés Manuel López Obrador ratificó también la nueva versión del TLC con Estados Unidos y Canadá. Nos opusimos a ambas decisiones pero no tuvimos la fuerza para lograrlo. Ello nos lleva a una reflexión profunda ¿por qué un gobierno como el de AMLO apoya estos tratados?”

El fenómeno inédito de resistencia en Chile se produce en un contexto donde en los últimos años se había producido un giro hacia la firma de TLC en el continente, y muy en particular en Sudamérica. La expulsión de Venezuela del Mercosur dio lugar a un proceso donde, primero, Uruguay y Chile firmaron un tratado de libre comercio y, acto seguido, en la primera gira presidencial de su actual mandato, el presidente Sebastián Piñera hizo lo mismo con Argentina y anunció el inicio de las negociaciones con Brasil, junto al ahora malogrado Michel Temer. Adicionalmente, después de 20 años el Mercosur destrabó la negociación para avanzar en un TLC con la Unión Europea.

Como puede verse, en ese proceso de volcar el Mercosur hacia la lógica de la Alianza del Pacífico, Chile jugó un rol clave, especialmente por su imagen internacional. Según el profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador de CONICET, Javier Echaide, “para quienes estamos del margen del Atlántico en la región, cada vez que se desea mostrar los logros del modelo neoliberal, citar a Chile como ejemplo se ha convertido en un lugar común. Hablar de los supuestos avances y logros de la economía chilena bajo los parámetros del neoliberalismo es algo que ha pasado por la boca de todos los economistas ortodoxos de distintas simpatías partidarias”.

Pero ¿qué tan sólida y vigente es esa creencia? Una destacada académica señaló fuera de micrófono que “deberíamos sincerar que la discusión de fondo no es sobre el TPP-11, sino sobre el modelo. Y hay gente que está en contra y otra que está favor”. En paralelo, algunos expertos hablan del agotamiento de un ciclo, incluso sin cumplir sus promesas, pero en ese caso también estamos hablando de algo que va más allá del tratado mismo. Para el profesor del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, José Miguel Ahumada, “el ciclo masivo de TLCs firmados por Chile se presentó por los gobiernos y las elites como un pilar clave de la estrategia de desarrollo a partir de la apertura de los mercados y la construcción de una arquitectura que protegiera las inversiones. Ambos elementos, se sostenía, harían que Chile desplegara sus potencialidades empresariales y generara un beneficio colectivo”.

Una pregunta clave para esta crisis de sentido común es en qué situación estamos hoy. Andrés Rebolledo, quien encabezó la negociación del TPP desde la Direcon, afirma a día de hoy que el acuerdo es “razonable y balanceado”, pero en entrevista con Radio y Diario Universidad de Chile reconoció que “este ciclo de acuerdos comerciales de alguna manera se ha ido completando y hoy día las tareas fundamentales son más bien domésticas, internas, de desarrollo productivo, de ciencias, tecnología, educación, para aprovechar esta red”.

José Miguel Ahumada es mucho más lapidario. “Luego de 30 años, ninguna de las promesas se cumplió. Ni Chile se ha vuelto más ’empresarial’ (las élites exportadoras no salen de su matriz extractiva, mientras que las PYME e industria local están presas de una gran competencia con las importaciones) ni la apertura ha generado beneficios a la sociedad en su conjunto (Chile sigue con la productividad estancada hace ya 15 años y la industria no para de caer). Peor aún, ha generado fuertes consecuencias sociales y ambientales negativas (zonas de sacrificio, comunidades afectadas por las inversiones forestales, etc.). Ante ese escenario, la ciudadanía está, legítimamente, exigiendo explicaciones sobre esa brecha entre la promesa y la realidad. Y, por cierto, dudo que las elites hayan podido dar una respuesta convincente”.

Las sucesivas impugnaciones sectoriales en Chile, de las cuales el TPP-11 forma parte, serían entonces síntomas de la crisis del modelo, o al menos del ciclo. Visto desde afuera, Echaide coincide: “las cosas no cierran. Chile se ha convertido en una economía extremadamente dependiente del exterior, al tiempo en que también se han ensanchado las diferencias sociales. Los movimientos estudiantiles en protesta con el sistema educativo chileno (otra cosa tan elogiada por estas latitudes por los neoliberales) no logran comprenderse en la lógica del neoliberal promedio: no se entiende el costo social que significa que una familia entera quede endeudada por décadas para que un hijo/a pueda ir a la universidad”.

Como sea, en Chile, cuyo pueblo es sindicado en la actualidad como uno de los más domesticados del continente, el TPP-11 ha tenido un trancazo que no se produjo en Perú ni México, tal como tampoco ha ocurrido con los otros TLC que se han discutido en el último tiempo en América Latina. Parece que la respuesta hay que buscarla más en las raíces que en la coyuntura.


 source: Radio Uchile