Costa Rica: Neoliberalismo y libertad de opinión

Costa Rica: Neoliberalismo y libertad de opinión

Por Álvaro Montero Mejía, 20-6-12

Es importante recordar que la imposición del proyecto neoliberal no es el resultado de algunas ocurrencias de última hora o la conjura de unas mentes malévolas deseosas de liquidar las conquistas sociales y económicas de muchos pueblos a lo largo y ancho del continente.

El neoliberalismo es el resultado de las leyes objetivas que rigen el desarrollo del sistema capitalista central y aparece en el momento en que confluyen, en un punto nodular de la historia moderna, esos elementos a que hemos hecho referencia antes: la derrota del llamado socialismo real junto a la desintegración de la Unión Soviética; la emergencia de una nueva revolución científica y tecnológica y en primer lugar la revolución informática; la aparición de las corporaciones transnacionales y la conformación del mundo unipolar.

Es así como el mundo capitalista desarrollado prescinde de lo que podríamos llamar “un control externo” del Tercer Mundo y pasa a la ofensiva, al control directo de las economías nacionales, del mercado interno incluida la producción alimentaria, las bellezas naturales y sobre todo, a la apropiación de las empresas públicas locales: ferrocarriles, siderúrgicas, astilleros, puertos y aeropuertos, empresas eléctricas, el gran comercio local junto al comercio internacional y claro, la intermediación financiera.

En dos palabras, como ocurrió el Grecia con el pretexto de la modernización, vienen por todo. Su voluntad irrenunciable es convertirnos en meros consumidores de productos manufacturados y convertirse ellos, en los usufructuarios de la inteligencia de los profesionales, técnicos y científicos que producen nuestros pueblos. Las leyes de la economía son mil veces más implacables que las leyes codificadas. Como escribimos hace muchos años a propósito de los PAEs, las promesas de los políticos nunca se cumplen, pero las que los gobiernos le hacen al FMI y al Banco Mundial, se cumplen o se cumplen.

Toda la actividad económica fundamental se convierte, con la globalización neoliberal, en objetivo inmediato del capital transnacional. Así se inicia una forma novedosa de resistencia social. Esta nueva resistencia, hace necesaria también, una forma novedosa de unidad de fuerzas. Lo repetimos. La tarea de hoy es defender la Patria. Pero unidos.

Los planes expansivos de las corporaciones hacían indispensable la conformación de una alianza política y económica con tres fuerzas internas: 1- Los sectores y las clases sociales más ricas y políticamente mejor ubicadas 2- Los partidos políticos más destacados y numerosos y 3- Los principales medios de comunicación. Los ricos locales, naturalmente, obtendrían su cuota de los correspondientes dividendos económicos que resultaban de esa alianza. Con los partidos y los medios, se hacían dueños de la conciencia de los ciudadanos. Si tienen en sus manos el poder económico y político y además controlan nuestras mentes, tienen asegurado todo el poder.

En Costa Rica, un pequeño batallón de negociadores, sirvientes y vendedores, ubicado en el COMEX y cuya composición se mantiene, se encargó de los detalles “técnicos” de esa tarea. Y claro, el entreguismo no puede ser presentado jamás como el acto indigno e infame que es, sino como un acto visionario y hasta progresista. Es así como para algunos politiqueros de espíritu rapaz, “pensar en grande” o “incorporarnos sin complejos a la economía mundial”, como se dijo insistentemente con el TLC, es abrirles las puertas, sin condiciones, a las fuerzas corporativas y financieras de la globalización actual y permitirles que hagan de nuestra Patria, de nuestro invaluable patrimonio humano y material, lo que les venga en gana.

Quizás por eso pienso, sin aferrarme a conclusiones definitivas, que es mejor iniciar nuestra propuesta de unidad de fuerzas, alrededor de tareas concretas, de objetivos concretos, traducidas en un programa sencillo, sin grandes complicaciones retóricas y sin llevar las cosas hasta los planteamientos generales y abstractos. Esto facilita su difusión y explicación.

Esto no significa que dejemos de lado las discusiones de naturaleza ideológica o filosófica; pido simplemente que no las convirtamos en el centro de nuestros debates y preocupaciones inmediatas ¿Qué habría sido de la lucha contra el TLC si hubiéramos caído en la trampa de un debate nacional sobre los conceptos de “dominación externa”, “imperialismo”, “extracción internacional de plusvalía” etc? ¿A dónde habría ido a parar ese ejemplo maravilloso de unidad de fuerzas patrióticas y progresistas si se hubiera convertido en una batalla de izquierdas o derechas en vez de ser, como ocurrió, una intensa discusión entre las fuerzas patrióticas y aquellas que se proponían arrodillar al empresariado nacional, subordinar a los campesinos y agricultores, estrujar al pueblo y liquidar las reformas sociales?

Olvidamos demasiado pronto; pero juntos convertimos la lucha del TLC, en una maravillosa escuela de formación cívica y Costa Rica entera fue un aula en la que expusimos poderosas razones en defensa de la Patria. Desgraciadamente fallamos en aspectos medulares que ya examinamos en el pequeño librito-ensayo que circula por allí y que titulamos “La Derrota del Neoliberalismo”.

Existen temas de naturaleza ideológica que los pueblos sólo resuelven en la práctica, enfrentados a luchas concretas. Por eso mismo es urgente una discusión en las filas de quienes exponemos distintas variantes del pensamiento social costarricense. Pero debemos reaprender a discutir, incluso con dureza, pero dejando de lado el sectarismo y la intolerancia de nuevo cuño.

¡No tenemos medios! dirán algunos. Pero no se trata de tenerlos sino de utilizar los que existen y discutir más, escribir más, leer más, estudiar más. Somos los luchadores sociales de nuestro tiempo, quienes estamos obligados a convertir en una herramienta de trabajo y de lucha, eso que denominamos la libertad de opinión.

Preguntamos. Aun con todo su poderío y mediando nuestros propios errores y excesos ¿Ganamos o no la batalla política, intelectual, espiritual y cívica durante el TLC? La libertad de opinión implica organizar ese debate entre todas las fuerzas capaces de dar un aporte a la elaboración de ese Programa Mínimo de que hablamos. Nosotros propondremos uno. Pero no deseamos una discusión interminable. Esta serie de reflexiones que dedicamos al tema de la unidad, se propone facilitarla, no complicarla.

Y como hablamos de libertad de opinión, les propongo defender activamente, a ese notable periódico integralmente dedicado al pensamiento crítico: el Semanario “Universidad”.

Continuaremos.

Curridabat, 20 de Junio de 2012.

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