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La bomba financiera que nadie desarma

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La bomba financiera que nadie desarma

Por Martín Burgos, Débora Fagaburu, Anahí Rampinini y Lisandro Mondino | 17-12-18

La agenda del último G-20 pasó por alto los riesgos de crisis financiera advertidos por el propio FMI. En tanto, el Mercosur insiste en un TLC con la Unión Europea que facilitaría la evasión y fuga de divisas a través de las garantías de libre circulación de capitales. Temas de análisis en esta página.


Las crisis y el rol del G-20

Por Débora Fagaburu, Anahí Rampinini y Lisandro Mondino *

El último reporte sobre la estabilidad financiera global del FMI alerta sobre el riesgo de una nueva crisis financiera internacional. En este contexto cabe preguntarse sobre cuál es el rol del G-20, considerando que este foro cobra relevancia en el año 2008, luego del estallido de la crisis financiera internacional, y se transforma en el principal ámbito multilateral que asume el desafío de proponer reformas para afrontar la crisis financiera y encaminar a la economía mundial hacia un “crecimiento global, fuerte, equilibrado y sostenible”.

Dentro del G-20 se acordaron algunas respuestas a la crisis, principalmente inyectar liquidez en los mercados financieros, avanzar con una agenda de regulaciones que evitara la especulación y se planteó la necesidad regular los paraísos fiscales debido a la gran responsabilidad que estos tuvieron en la crisis. No obstante, con el paso de los años el foro se fue institucionalizando y perdió el ímpetu inicial. Las reformas más ambiciosas del sistema monetario internacional no prosperaron, transformándose este en un foro de debate con temas cada vez más amplios, con poco impacto en la economía real. A diez años de la crisis, el G20 no ha logrado tomar medidas contundentes en función de los riesgos y vulnerabilidad que presenta la economía mundial.

El FMI identifica dos factores de riesgo en la economía mundial, ambos relacionados con los elevados niveles de deuda. El primero de ellos es la deuda corporativa que ha sido tomada por empresas que no se dedican a la actividad bancaria o financiera sino a la actividad productiva. El nivel de deuda que han tomado estas corporaciones a nivel global aumento de 113 billones de dólares en 2008 a 167 millones de millones de dólares en la actualidad. La cifra representa el 250 del PBI global. El porcentaje de deuda de las corporaciones no financieras sobre el producto de Estados Unidos supero el 45 por ciento, máximo histórico al que había llegado en 2008 andes del estallido de la crisis.

Este endeudamiento no fue destinado a la actividad productiva, sino a la actividad financiera. Un reciente informe de Unctad da cuenta que las corporaciones no financieras han reducido drásticamente sus niveles de inversión en la actividad productiva, en favor de la actividad estrictamente financiera, principalmente la recompra de las propias acciones y la distribución de dividendos entre los accionistas.

El segundo factor de riesgo que identifica el FMI refiere a la vulnerabilidad que presentan las economías emergentes. Sus elevados niveles de endeudamiento, que crecieron de 130 a 183 por ciento de su PBI entre 2008 y 2018, comienzan a presentar riesgos de sostenibilidad frente a la suba gradual de la tasa de interés de la FED, la reversión de los flujos financieros globales y la contracción del comercio mundial. El FMI destaca que aquellas economías que no cuenten con los niveles de reservas o flujos de ingresos necesarios para enfrentar posibles shocks externos, ven su capacidad de emitir nueva deuda para hacer frente a sus necesidades de dólares limitada y crecen los riesgos de enfrentar una reestructuración de deuda.

Los cambios de condiciones de los mercados también impactan negativamente en los mercados de bonos de las corporaciones no financieras, incrementando la tasa que pagan y las tasas que deben afrontar para tomar nueva deuda, elevando el riesgo de que cada vez mas firmas se vean en dificultades por no poder hacer frente a los vencimientos de sus elevados niveles de deuda.

Las prioridades de la agenda del G20, tratadas este año en Argentina, no parecen tener relación alguna con la conflictiva realidad de la economía mundial sobre la que los organismos multilaterales alertan, realidad que incluso parecen ignorar. La aparente irrelevancia e incapacidad de este foro para modificar el rumbo de la economía internacional, que ha quedado nuevamente manifiesta, se profundiza aún mas con las acciones disruptivas del orden multilateral llevadas adelante por Estados Unidos y la reciente descoordinación del mundo emergente para impulsar sus necesidades e intereses.

* Becarixs doctorales Conicet.


El lado financiero de los TLC

Por Martín Burgos *

En una economía cada vez más financiarizada donde la evasión fiscal, la fuga de capitales y las guaridas fiscales son el recorrido “normal” hacia el ocultamiento de las ganancias, los apoyos institucionales sobre los cuales se sustenta la globalización va evolucionando. Los últimos tratados de libre comercio (TLC) firmados o en negociación como el Acuerdo Unión Europea-Mercosur, ofrecen nuevas figuras jurídicas con consecuencias económicas de importancia.

Las filtraciones de la negociación del acuerdo entre la UE y el Mercosur muestran una estructura similar a la de los tratados firmados entre la Unión Europea y los países andinos (Perú, Colombia, Ecuador). En primer lugar la parte del comercio de bienes, la más tradicional en este tipo de acuerdos, contiene la división entre agricultura y el resto de los bienes, una forma elegante para Europa de separar el sector en el cual no tiene ventajas de costos respecto a lo demás. La novedad tal vez sea la incorporación de e-commerce como un servicio que podría llegar a competir con el comercio tradicional sin aranceles.

En segundo lugar, a partir de los años noventa surgió con mucha fuerza los capítulos referidas al comercio de servicios. Esto fueron abarcando desde los servicios públicos como el correo, las telecomunicaciones, el transporte, hasta llegar a los servicios profesionales o de ingeniería, arquitectura o cualquier consultoría que muchas veces vienen atadas a las inversiones extranjeras directas realizadas en otro país. En un mundo donde la tendencia es hacia la tercerización de gran parte de la tarea de las empresas, estos nuevos esquemas permiten también una evasión fiscal a través de los precios de transferencia si estas empresas de servicio se encuentran vinculadas con la empresa principal.

El marco financiero de todo el TLC es el libre movimiento de capitales garantizado en unos pocos artículos, sin referencia a regulaciones necesarias para evitar la evasión fiscal y la fuga de capitales. En el mundo de las leyes, la escasez de articulados no suele ser solo un honor a la brevedad, sino significa también el abandono de los ciudadanos ante los poderes fácticos que llenan el vacío de instituciones democráticamente definidas con decisiones orientadas a sus intereses particulares.

Este punto es muy importante, dado que la Unión Europea dista de ser un ejemplo de transparencia financiera. En efecto, el bloque cobija en su seno a varias de las guaridas fiscales y financieras más importantes del mundo, siendo Luxemburgo, Holanda, Irlanda, Malta, Chipre y el Reino Unido parte de los países con mayor secreto financiero del mundo. Los datos de la posición internacional de cambios muestran que la Unión Europea suma en guaridas offshore un stock de 65 billones de dólares (350 por ciento de su PBI), teniendo algunos de los países mencionados más de 1000 por ciento de su PBI en stock de capitales offshore. En cuanto a la riqueza offshore de los países del Mercosur, esta se elevaba a 19 por ciento de su PBI en conjunto, siendo Uruguay y Paraguay los principales receptores de esos ingresos.

La propia Comisión Europea calculó que el shadow banking en Reino Unido, Holanda, Irlanda y Luxemburgo explicaba 70 por ciento de ese mercado en Europa, siendo los activos en juego mayor que sus respectivos PBI. Este dato tiene relevancia si recordamos los fuertes vínculos entre shadow banking (y más generalmente las finanzas en agentes no bancarios) y evasión fiscal. Este sector financiero no regulado podría potenciarse en el futuro con la emergencia de nuevos actores en los servicios financieros (asociados con las nuevas empresas tecnológicas) que tienen un tratamiento diferenciado en las negociaciones de Acuerdo, la cual puede posibilitar el crecimiento de una banca offshore que funcione con la regulación de su país de origen.

En consecuencia, detrás del Tratado de Libre Comercio que continúan negociando la Unión Europea y el Mercorsur se esconde la posibilidad de diversos mecanismos financieros que podría mejorar la fluidez de la fuga de divisas y la evasión fiscal en nuestro país hacia guaridas fiscales ubicadas en el bloque europeo.

* Coordinador del Departamento de Economía Política del CCC.


 source: Página 12