La historia interminable del controvertido tratado comercial entre la UE y EEUU

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La historia interminable del controvertido tratado comercial entre la UE y EEUU

Por Xavier Aja, 23-10-16

El cambio de presidente en Estados Unidos y la oposición popular en Europa dificultan cerrar el acuerdo este año.

PAMPLONA - La negociación del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos se ha convertido en una historia interminable que no parece que tenga final feliz este año por la suma del cambio de Ejecutivo en el país norteamericano y de la notable oposición popular en Europa, en vísperas electorales en varios países de la UE. Aunque responsables de los Gobiernos de Alemania y Francia han comunicado que en 2016 no se llegará a un acuerdo, han seguido las conversaciones y la CE destacó que ambas partes han conseguido un “significativo progreso” en algunas de las áreas del tratado. El jefe negociador europeo, Ignacio García Bercero, señaló que en esta parte de la ronda la UE y EEUU se ha centrado en los textos consolidados y en eliminar las diferencias existentes sobre la mesa.

Los negociadores han dedicado tiempo a debatir sobre cuestiones normativas, en espacial sobre la coherencia legislativa, las barreras técnicas al comercio, cuestiones sanitarias y fitosanitarias y los nueve sectores específicos identificados antes de que comenzaran las conversaciones.

Los ministros de Comercio de la UE abordarán los avances en su encuentro del 11 de noviembre, mientras que los jefes de Estado y de Gobierno de la UE discutirán los avances en las negociaciones en el Consejo europeo de finales de mes.

Los ministros de Comercio de los Veintiocho ya reconocieron durante su última reunión, a finales de septiembre, que no era “realista” la posibilidad de cerrar el acuerdo con EEUU durante el mandato Obama, al mismo tiempo que asumieron una “pausa natural” de las conversaciones hasta que se configure el nuevo Ejecutivo norteamericano, del que quiere formar parte el candidato Donald Trump, contrario a una mayor apertura de fronteras en el país.

Lo que está claro es que el acuerdo comercial para el siglo XXI conocido por sus siglas en inglés TTIP (Transatlantic Trade & Investment Partnership), no es ni la panacea universal como señalan sus partidarios, ni la reencarnación del mal absoluto del capitalismo, según sus detractores.

Lo que sí es cierto es que el TTIP provoca una fuerte oposición en Europa que procede principalmente de varios grupos de ciudadanos: los que temen un recorte de estándares de protección en medio ambiente, calidad médica o alimentaria, protección de datos, etc.; los que temen una nueva pérdida de empleo y rebaja de salarios y los ideológicos contrarios a la globalización.

El sindicato UGT, según su secretario general, Pepe Álvarez, cree que “se trata de un acuerdo concebido por y para las grandes empresas que antepone los intereses empresariales a los derechos de los trabajadores, ciudadanos y consumidores”.

Para UGT, el TTIP, rebaja el nivel de exigencia de la legislación europea en materia laboral, medioambiental o de salud y, por otro, abre la puerta a la posibilidad de que la desregulación sea posible en todos estos ámbitos.

Además, el sindicato considera que se prima los intereses de las grandes empresas y se olvida de las pymes, (más del 90% del tejido empresarial de España), pero además haría posible la eliminación de la Denominación de Origen que podrían dañar de forma irreversible las zonas rurales.

Una opinión bien distinta tiene del tratado el director de Confebask, Eduardo Arechaga, quien indica que tiene todo el sentido del mundo para paliar el giro de la economía del mundo “hacia el eje América-Asia en torno al océano Pacífico”. Ese giro no es bueno para Europa que se puede ver desplazada del centro del crecimiento mundial en los próximos años.

No hay que perder de vista las magnitudes de la economía euro-estadounidense. El espacio económico euroatlántico tiene unas dimensiones descomunales, pues concentra casi el 50% de la producción mundial de bienes y servicios. Una de cada cinco exportaciones europeas tiene como destino EEUU, en cambio los productos norteamericanos solo representan un 15% de las importaciones de la UE.

Arechaga recuerda que en la historia “todos los procesos de crecimiento económico y social han ido de la mano de incrementos del comercio”. De hecho, desde que ha estallado la actual crisis económica, el comercio crece menos que el PIB global y hace falta estimularlo.

DIFERENTES ÁREASTRIBUNALES. LA INTERVENCIÓN EN LAS DISPUTAS PARA DEFENDER AL INVERSOR DE UN TRIBUNAL DE ARBITRAJE PRIVADO O ISDS, (INVESTOR STATE DISPUTE SETTLEMEN) ES UNA DE LAS BESTIAS NEGRAS DEL ACUERDO PARA LOS DETRACTORES. SE TRATARÍA DE CREAR TRIBUNALES AD HOC PRIVADOS QUE DARÍAN PIE A LAS COMPAÑÍAS MULTINACIONALES A DEMANDAR A LOS ESTADOS INCLUSO POR PÉRDIDAS FUTURAS POR EXPROPIACIONES INDIRECTAS.

Contratos públicos. El Tratado permitiría a empresas de ambos bloques a optar a licitaciones públicas tanto en Europa como en Estados Unidos. Curiosamente esto favorece a Europa porque los norteamericanos son más restrictivos. Los contrarios al acuerdo señalan que las multinacionales desplazarán a las pequeñas compañías locales.

Seguridad alimentaria. La UE afirma que no se rebajarán los estándares comunitarios, más altos que los norteamericanos. Pero la realidad es que no se ve cómo la poderosa industria USA de productos transgénicos modificados genéticamente (maíz principalmente), al igual que sus productores cárnicos que utilizan hormonas para el engorde del ganado iban a renunciar al gran mercado europeo si se eliminan barreras administrativas. Un dato: Europa prohibe unos 1.400 productos químicos y USA apenas una docena.

Energía. Un acuerdo de libre comercio permitiría a las empresas europeas crecer en el campo de las energías renovables en tierras norteamericanas pero Europa podría abastecerse de gas estadounidense ya que EEUU es el principal productor de gas extraído mediante técnicas de fracking, técnica que los detractores temen que se extienda a Europa sin que haya sido aprobada en la UE.

Derechos laborales. Lograr armonizar dos modelos laborales tan distintos no sería fácil. La UE ha prometido que no se rebajarán los estándares laborales pero, en teoría y por ejemplo, sería posible realizar obras en Europa por empresas norteamericanas con leyes laborales estadounidenses lo que podría desplazar a las europeas con costes mayores porque España ha ratificado 133 convenios de la OIT y EEUU solo 14 pero además, el país de Obama limita la negociación colectiva y el derecho a la huelga de los trabajadores.

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