TTIP, ¿el nuevo Caballo de Troya?

TTIP, ¿el nuevo Caballo de Troya?

Por Adrián Cragnolini, 31-8-15

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Se estuvo fraguando en silencio, en los sótanos de los gobiernos, donde la luz del control ciudadano no se cuela ni por una rendija.

Sus siglas en inglés, TTIP, se traducen al español como la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, un proyecto impulsado desde EEUU para llevar a Europa a crear una zona legislativa común con la aparentemente sana intención de favorecer el comercio entre ambos bloques.

Y si se armonizan los marcos arancelarios, convergen las reglas comerciales y se eliminan trabas burocráticas, podríamos estar ante las bases de una nueva etapa de crecimiento en el intercambio de bienes y servicios que beneficiaría a las economías y habitantes de uno y del otro lado del Atlántico.

Pero si todo suena tan prometedor ¿a cuento de qué viene este ocultismo y pétrea confidencialidad que han rodeado a las delegaciones que negocian los términos del acuerdo?. Bien es sabido que la falta de información despierta la rumorología que a su vez es un campo abonado para que broten las hipótesis más variadas.

En los medios circulan noticias y análisis muy por debajo de la intensidad que merecería un proyecto de este calado, que podría cambiar sensiblemente el estilo de vida de 500 millones de europeos. Tampoco el tema aparece en las agendas de los principales líderes políticos.

Sin embargo, desde hace varios meses los partidos de la izquierda europea, grupos ecologistas, movimientos sociales y varios referentes intelectuales defensores de los derechos ciudadanos vienen denunciando las verdaderas intenciones que al parecer se ocultarían tras las bonitas palabras de una auspiciosa fachada. Con este tratado, Europa bajaría la protección de sus derechos sociales, base de su estado de bienestar, relajaría las normas de calidad de productos y servicios y consentiría una sensible merma en el poder de los Estados para regular y supervisar la actividad de las multinacionales, sometiéndose a un nuevo tribunal de arbitraje que otorgaría grandes ventajas a los inversores privados frente el control público.

En la práctica, el TTIP podría llevar a los europeos a perder derechos laborales y reducir salarios, a consumir productos y servicios más baratos pero de peor calidad, y a los gobiernos a quedar en una posición de indefensión legislativa frente a los litigios de las grandes corporaciones.

La alarma ha fecundado entre las ciudadanías, plasmadas en movilizaciones de protesta en las principales ciudades europeas, recogidas de millones de firmas oponiéndose al TTIP y exigiendo transparencia en la información. La presión popular ha movido el avispero de los burócratas instalados en Bruselas y Estrasburgo, y los ha obligado a proponer cambios en las bases del acuerdo con EEUU, para garantizar por ejemplo, que los servicios públicos quedarán fuera de la órbita del TTIP, que se mantendrán las normas relacionadas con los cultivos transgénicos, y que la explotación de hidrocarburos mediante el fracking seguirá siendo restrictiva, por citar algunos aspectos.

Si por EEUU fuera, el TTIP ya se habría firmado y estaría en vigencia. Actualmente, el proyecto de acuerdo está encallado en Europa, sometido a la introducción de cambios que por un lado confirman las sospechas de aquellos que advirtieron del Caballo de Troya que el lobby privado de las multinacionales quería colar en el estilo de vida europeo, y que por el otro, han permitido a los ciudadanos tener acceso más diáfano, aunque insuficiente todavía, a estas negociaciones sospechosamente opacas.

¿Por qué ni tan siquiera se contempla un referendum ante un hecho histórico que puede condicionar el futuro de varias generaciones de europeos?

No es de extrañar que Wikileaks haya puesto precio – 100 mil dólares – para recompensar a quien filtre el texto del tratado y a la cronología de sus modificaciones.

La alerta continúa, el gigantesco caballo de madera está por llegar a nuestras puertas y no sabemos lo que alberga en su interior.

source: Cadena 3