Washington, chantaje comercial y TLC

En rigor de verdad son muy pocas las señales alentadoras que llegan desde aquella capital. El miércoles pasado, en el foro organizado por la Cámara de Comercio Uruguay - Estados Unidos y el Consejo de las Américas, el presidente Tabaré Vázquez se preguntó y contestó: "¿Estamos dispuestos a recorrer ese camino? Sí, estamos dispuestos a ello. Tenemos que mejorar nuestras relaciones comerciales con Estados Unidos...".

Se refería a lo que parece inminente. La firma de un TLC entre un país miembro pleno del Mercosur y el inventor y promotor del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), y principal responsable, junto a la Unión Europea (UE), del estallido por los aires de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC): Estados Unidos.

La administración de Washington viene cumpliendo con el derrotero diplomático que con total desparpajo preanunció, en abril del 2001, la revista británica The Economist, cuando en su artículo "All in family" aseguró que Estados Unidos estaba dispuesto a todo con tal de asegurar que América se convierta en una zona de exclusión económica, financiera y comercial a favor de su propia hegemonía.

Decía ese artículo que si Washington lograba imponer la matriz original del ALCA, tanto mejor; en caso contrario contaba con la OMC y que, en última instancia, con su capacidad de presión para alcanzar acuerdos bilaterales o biregionales.

Y lo logró con varios países de América Central: con Chile, con Colombia y con Perú, por cierto naciones cuyos gobiernos, a veces con disimulo a veces con descaro, se convirtieron en portavoces del Departamento de Estado en la región.

Lo que The Economist no se animó a vaticinar fue lo que realmente sucedió. El Mercosur terminó por convertirse en el único escollo real para la estrategia de Estados Unidos, hecho que se vio reforzado tras la Cumbre de las Américas, a fines del año pasado en Mar del Plata, y sobre a partir de la reciente Cumbre semestral del bloque sudamericano, realizada hace pocas semanas en Córdoba, otra ciudad Argentina.

En esa última oportunidad, con Venezuela como miembro pleno, con la presencia de Fidel castro como invitado especial y con el presidente de Bolivia, Evo Morales, en calidad de jefe de Estado de un país asociado, el MERCOSUR volvió a tomar distancia de las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos.

Claro que quedó pendiente esa especie de bomba de tiempo que Washington dejó plantada, no con mucho disimulo. El posicionamiento de Uruguay - y en buena medida también de Paraguay - en favor de acuerdos comerciales bilaterales con Estados Unidos, contrarios al espíritu y a las normas que rigen al Mercosur.

Detrás de esas maniobras - justificadas desde Montevideo y desde Paraguay en la hasta ahora poca observancia prestada por el Mercosur a sus socios menores-, se encuentra la acción diplomática de Washington.

Las misma acción diplomática como también que alimento todos los escenarios de recalentamiento político entre miembros del bloque, como los son las diferencias argentino uruguayas en torno al establecimiento de dos megapasteras de celulosa sobre la orilla oriental del río Uruguay y la negativa de Brasil a respaldar la legítima política de hidrocarburos, iniciada el 1 de mayo pasado por el gobierno de Evo Morales.

Washington promociona todos aquellos entramados que desunen a los países sudamericanos y lamentablemente cuenta con aliados agazapados en los gobiernos de más de una capital.

De cara a esa estrategia, acompañada con distintos grados de intensidad por los gobiernos de Colombia, Perú, Chile, Uruguay y Paraguay, la administración encabezada por el presidente George W. Bush - el "carnicero jefe de Beirut" -, ve con gran preocupación los proyectos de integración que están madurando en el seno del Mercosur: el gasoducto que unirá la cuencas del Orinoco y río de la Plata, la marcha hacia la creación del un banco regional de desarrollo, los primeros pasos en la búsqueda de un signo que excluya al dólar en los intercambios comerciales intraregionales y el apoyo dado desde el bloque a las legítimas aspiraciones de Venezuela a ocupar una banca provisoria en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU).

Recordemos que fue justamente Venezuela la única voz del Mercosur que hasta ahora se alzó con claridad y contundencia al denunciar la política genocida que Israel está desplegando contra libaneses y palestinos.

Por todo lo enunciado, Estados Unidos dispuso el bombardeo diplomático contra el MERCOSUR. Parte del fuego lo concentró sobre el gobierno argentino que encabeza el presidente Néstor Kirchner, amenazando a éste con sanciones comerciales (también a Bolivia y Venezuela), amenazas que fueron rechazadas con contundencia por la administración por Buenos Aires.

Este jueves, las presiones fueron en aumento cuando el Consejo de las Américas (un lobby por estadounidense en el área) se trasladó de Montevideo a Buenos Aires, para objetar decisiones económicas y comerciales adoptadas por el gobierno argentino, objeciones que tienen un único propósito: desestabilizar toda iniciativa política, por incipiente que sea, de autodeterminación frente a la estrategia de dominación desplegada por Estados Unidos, facción dominante de sistema capitalista - imperialista.