Ahora sí: “o maior TLC do mundo”

4-8-08

Ahora sí: “o maior TLC do mundo”

Como estaba previsto, se acabó el cuento de la “Ronda de Doha”. El fracaso de las negociaciones para liberar al menos en parte el comercio internacional, concretado el martes 29 de julio en Ginebra, fue tan rotundo que a esta altura bien cabe la pregunta sobre si la Organización Mundial de Comercio (OMC) tiene, en realidad, alguna utilidad para los países subdesarrollados.

Pero sin perjuicio de este colapso largamente anunciado, lo más interesante -y, también, indignante- es la rapidez con la cual reaccionó Brasil, eterno aspirante desde el comienzo de su historia a transformarse en un subimperio sudamericano.

No bien conoció la confirmación de lo que ya sabía que iba a pasar en Ginebra, el presidente Lula declaró públicamente y sin ruborizarse que luego del fracaso de la ronda de negociaciones multilaterales, Brasil continuará trabajando en procura de cerrar acuerdos bilaterales de comercio.

Desde la creación del Mercosur en 1991, Brasil trancó con toda dureza una y otra vez los intentos ensayados por algunos de los demás integrantes del bloque (Argentina, Paraguay y Uruguay) por conseguir convenios bilaterales o tratados de libre comercio (TLC) con países o bloques de países.

En particular, Uruguay sufrió en carne propia dos veces el veto hipócrita de Brasil. Durante el gobierno del presidente Jorge Batlle (2000-2005), Uruguay no pudo llegar a suscribir un TLC con Estados Unidos simplemente porque Itamaraty lo impidió. Y el actual gobierno del presidente Tabaré Vázquez tampoco consiguió, aunque quiso, firmar un TLC con el mayor mercado del mundo para comerciar ante las permanentes amenazas de represalias por parte del “compañero” Lula y sus ministros “progresistas”.

“Si Uruguay firma un TLC por su cuenta con Estados Unidos, perderá su condición de miembro del Mercosur”, advirtió reiteradamente el canciller Celso Amorin cuando eso estuvo a punto de ocurrir.

Ahora que Doha no existe, más que para sumarse a la larga lista de derrotas que registra la libertad de comercio en la historia del mundo, el presidente de Brasil anuncia, muy suelto de cuerpo, que su país encarará la vía de los acuerdos bilaterales. Durante un almuerzo que ofreció en Brasilia al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, Lula dio ejemplos acerca de los convenios que prevé cerrar antes de que finalice su mandato: uno con la Unión Europea y otro con el Sistema de Integración Centroamericana (Sica).

¿Y el Mercosur? ¿Saben los vecinos de Brasil en este pacto regional que el socio mayor se propone hacer ahora lo mismo que les prohibía hacer a ellos hasta ayer mismo? Lo más probable es que, si no lo saben, al menos lo hayan intuído. Es que, desde Pedro I hasta el “progresista” Lula, Brasil nunca ha dejado de hacer lo que se le antoja en su “zona de influencia”. Más allá de la dulce retórica de sus gobernantes, Brasil le ha dado la espalda al Mercosur, a la Aladi, a la Unasur y a todas las siglas inútiles que existen en la región desde hace ya demasiado tiempo.

Brasil está jugando en las “ligas mayores” de los grandes países emergentes que constituyen el llamado “BRIC” (Brasil, Rusia, India y China) y golpea cada vez más fuerte en la puerta del “G8” (las ocho naciones más ricas del planeta).

En otras palabras, Brasil usa al Mercosur para obstaculizar la independencia de sus “socios-esclavos” y se ríe del Mercosur cuando de su propio interés se trata, salvo que pueda utilizar la grifa en su beneficio cuando habla con los grandes del mundo.

Felicitaciones, pues. Los brasileños saben cómo defender sus intereses. Mientras tanto, sus “socios-esclavos” harían bien en defender los suyos tirando a la basura la retórica mentirosa del Planalto e Itamaraty, y siguiendo exactamente el mismo camino que anuncia el presidente Lula. Mejor sería que lo hicieran antes de que, en cualquier momento y después de habérselo prohibido a los demás, Brasil se descuelgue con “o maior TLC do mundo” con Estados Unidos.

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source: La Nación