El Acuerdo de Asociación en la recta final

Con altibajos la negociación del Acuerdo de Asociación está llegando a su fin, siendo este momento muy particular por la incertidumbre que provoca la coyuntura que se vive a nivel económico y lo que representa la recesión en ciernes. Por ello, resulta interesante analizar el actual proceso desde las condicionantes exógenas que influyen en la mesa de negociación y que producen importantes contradicciones entre las partes y que al final se reflejan en un acuerdo subordinado a un modelo económico ya superado como es el libre comercio neoliberal, veamos por qué.

La crisis es un factor que condiciona el acuerdo. La situación económica actual influye directamente en la mesa de negociación para ambas partes. Centroamérica fue a la negociación con la esperanza de encontrar las puertas abiertas del mercado Europeo, tratando de consolidar el ingreso de sus productos históricos, agrícolas por excelencia. Dicha estrategia es muy similar a la adoptada con Estados Unidos, pero dada la situación de crisis que vive este país, el acceso de productos agrícolas a Europa se tornaba estratégico, pues el sector agroexportador necesita con urgencia un respiro ante la caída de las exportaciones a Estados Unidos producto de la recesión.

Pero resulta que la UE vive también una situación similar a Estados Unidos, sus principales motores económicos, Alemania, Francia e Inglaterra están en recesión, España el país más próximo a la región y con muchos intereses puestos en este acuerdo, tiene ahora mismo, más o menos 4 millones de desempleados y los países del Este de Europa están prácticamente en bancarrota, lo cual afecta directamente al sector financiero de Suecia, Austria, Finlandia, Italia y Países Bajos, principales acreedores de dichos créditos. En resumen, la recesión durará un par de años, mientras tanto Europa se blinda para proteger internamente su estructura productiva, lo cual se traslada a la mesa de negociación, en donde las contradicciones son cada vez más latentes.

En una situación así el Acuerdo de Asociación no puede ni debe verse simplemente como una negociación de intercambios y aperturas para ciertos productos y ventajas comerciales para empresas y sectores determinados, y resulta interesante analizar el actual proceso más allá del simple ejercicio de identificar sectores ganadores y perdedores. Y es por ello que en la recta final, el acuerdo se complica. La UE muestra sus cartas proteccionistas en la mesa de negociación, y la región no tiene garantizada la entrada a dicho mercado, ya sea por cuestiones de origen, medidas fitosanitarias o simplemente por restricción arancelaria. Aquellas grandes propuestas y avances del inicio quedan en punto muerto e impiden generar una estructura comercial mínimamente consensuada en el tema del intercambio de bienes y servicios, mucho menos en aquellos asuntos como los Derechos de Propiedad Intelectual en donde la región acepta cualquier propuesta tal cual venga.

Las discrepancias empresariales se traducen en incertidumbre de cara a la apuesta centroamericana. ¿Por qué? En primer término por qué la visión empresarial que ha prevalecido en todo el proceso es la del reducido grupo de agro exportadores que al igual que se hizo con Estados Unidos, buscan garantizar acceso a bienes que ya están en el mercado europeo y abrir espacios para otros, como el caso del azúcar, los rones y banano, que en definitiva son el prototipo de bienes que representa la injusticia de las relaciones económicas de este país y que permite perpetuar en lo interno el sistema de pobreza y exclusión que son su sustento. Y en segundo término porque los sectores sociales y populares no han asumido ni articulado una postura critica ante este tratado, debido entre otros factores a la complacencia que existe en algunas ONG hacia la cooperación que la UE otorga.

En fin, Europa actúa en función de su poderío económico, sus intereses y ahora también movido por la crisis, y aquí por el contrario, se asume una apertura importante cediendo en temas fundamentales que al final condicionan cualquier política en el futuro y lo que es peor, se insiste en un modelo fracasado. En esas condiciones, el resultado lógico será un Acuerdo de Asociación que crea una estructura limitada de intercambio comercial, - por no decir injusta- en aras de libre comercio neoliberal y que a la postre condiciona el proceso de desarrollo local a la dependencia de la cooperación, no siempre desinteresada.

Aún con la reducida importancia comercial y económica que significa el mercado centroamericano, es importante recordar que la UE obtiene con este acuerdo una garantía de acceso a nuevas e importantes reservas de materia prima y recursos naturales, protección para sus empresas, sus inversiones ya funcionado en la región y mercado de destino para productos industriales, tan importante y necesario en épocas de recesión. Centroamérica por el contrario se contenta con poca cosa. Un acceso restringido para ciertos productos, que no hacen más que beneficiar a ciertos sectores empresariales y una promesa de tener un Acuerdo Político y la Cooperación, que en la práctica no se concreta o se distorsiona de acuerdo a los intereses que favorece.

En tiempos de crisis, cualquier situación condiciona los intereses y configura las relaciones. Abrir mercados y satisfacer intereses empresariales locales está fuera de la lógica de la UE. No entender eso y ceder, por lograr un acceso restringido, sin perspectiva que mejore en un futuro, es un suicidio. La crisis pone en juego el propio sistema y el sector empresarial local se aferra a cualquier tabla de salvación en búsqueda de continuar con sus beneficios a costa de que el país asuma las consecuencias del modelo.

Otro elemento de la coyuntura que modifica los otros dos componentes del Acuerdo de Asociación lo constituye el giro político que vive la Unión Europea reflejado en el triunfo de la derecha conservadora en el parlamento europeo. Aún cuando este ente no tiene un vínculo directo con la política comercial, y no es vinculante su accionar respecto al mismo, este hecho puede interpretarse como la consolidación de la Europa empresarial, visión que se refleja plenamente en el ámbito comercial, pero que ahora será más evidente en la cooperación y el diálogo político, dos pilares publicitarios que han quedado comprometido por el signo de este triunfo.

En este punto es necesario recordar que el Parlamento Europeo tiene entre sus funciones la aprobación del presupuesto de la UE, esto significa que tiene incidencia en la política agraria común –subsidios agrícolas-, los montos de cooperación externa y obviamente en el ámbito político, que es en definitiva en donde se reflejan los intereses de los distintos grupos políticos ahí representados. El tema migratorio resalta por su importancia, y por la trascendencia que el mismo tiene para ambas regiones lo que lo convierte en una referencia obligada. Si hoy, las políticas migratorias son reaccionarias y en algunos casos xenófobas, la crisis hará más evidente este giro. En este punto resulta entonces evidente que las cláusulas sociales que pudieran incluirse en este proceso quedarán como meras referencias publicitarias.

El otro pilar del proceso - la cooperación-, también se ve influido por este ajuste político, puesto que desde la perspectiva centroamericana esta situación condicionará aún más los flujos de cooperación que se reciben y dejará poco margen de maniobra nacional. Es importante resaltar, que los flujos financieros de la cooperación buscan también acomodar el sistema económico de acuerdo a los intereses empresariales en juego. Y en los procesos de ajuste del sistema, son un elemento clave en esta nueva re-configuración de poder que ocurre en el mundo.

En síntesis, el final de este proceso de negociación está a punto de convertirse en el inicio de un proceso de mayor dependencia a un modelo que nos ha hecho más pobres de lo que realmente somos, con el único propósito de seguir haciendo ricos, a los que

source: Blog Reflexión