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El acuerdo de Comercio EE UU-China es principalmente simbólico

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Por Kavaljit Singh

El acuerdo de Comercio EE UU-China es principalmente simbólico

La paz entre las dos grandes superpotencias de la actualidad, obtenida a través de un acuerdo comercial, no es más que una tregua.

El 15 de enero, el presidente de EE UU Donald Trump y el vicepresidente chino Liu He firmaron un acuerdo comercial de “fase uno” para apaciguar una guerra comercial de 18 meses entre las dos mayores economías del mundo. Tras meses de duras negociaciones y represalias comerciales, ambos países acordaron seguir adelante con el acuerdo de comercio. Los elementos centrales del acuerdo comercial de “fase uno” incluyen propiedad intelectual, transferencia de tecnología, agricultura, servicios financieros, divisas y políticas de tipos de cambio. Además, el acuerdo establece una disposición de resolución de disputas bilateral para solucionar cualquier discrepancia sobre asuntos listados en el acuerdo.

En sus comentarios de apertura en la ceremonia de firma celebrada en la Sala Este de la Casa Blanca, el presidente Trump afirmó: “Hoy, damos un paso trascendental —uno que nunca antes se ha dado con China— hacia un futuro de comercio justo y recíproco, al firmar la fase uno del histórico acuerdo comercial entre Estados Unidos y China. Juntos, estamos corrigiendo los errores del pasado y ofreciendo un futuro de justicia y seguridad económicas para los trabajadores, granjeros y familias estadounidenses”.

El líder chino Xi Jinping también dio la bienvenida al acuerdo y lo describió como “bueno para China, EEUU y el mundo entero”.

UN ACUERDO SIMBÓLICO

El presidente Trump está vendiendo este acuerdo como “histórico” y lo utilizaría para impulsar su intento de reelección este año. Trump espera que este acuerdo reforzará su base política previamente a las elecciones de 2020 ya que los EE UU rurales (un gran sector de su base) fueron severamente golpeados por los aranceles de represalia impuestas por China sobre los granos de soja y otros productos agrícolas.

Por otro lado, el acuerdo da a China un muy bienvenido alivio. Da respiro a Xi Jinping para enfrentarse a la desalentadora desaceleración económica así como a las protestas en Hong Kong. En 2019, la economía china creció un 6,1% —el nivel más bajo desde 1990—. Un gran desafío para China es contener los riesgos financieros que se están acumulando rápidamente en su sistema financiero a la vez que mantiene su crecimiento de alta calidad. El acuerdo comercial da al Gobierno chino algo de espacio para redoblar sus esfuerzos de abordar los actuales retos económicos.

El acuerdo de “fase uno” no es un acuerdo de libre comercio en ningún caso. Ni terminará con la guerra comercial entre EEUU y China. A pesar del acuerdo, ambos socios comerciales han decidido mantener el grueso de los aranceles que impusieron sobre los productos del otro durante la guerra comercial. El acuerdo mantiene 370.000 millones de dólares en aranceles sobre las importaciones chinas así como los aranceles de represalia de Beijing.

Por supuesto, mucho dependería de la implementación real del acuerdo, que llevará cierto tiempo, dada la falta de confianza mutua y la intensa rivalidad geopolítica entre los dos gigantes.

NADA TRASCENDENTAL

El acuerdo comercial de “fase uno” no tiene mucha sustancia y deja demasiadas respuestas sin responder. Puede ser demasiado pronto para hacer una valoración final del acuerdo de 94 páginas, pero un examen somero indica que China no ha hecho importantes concesiones a EE UU que representaran un acuerdo “histórico” para el Gobierno de Trump.

El acuerdo es de alcance limitado ya que propone cambios modestos en las áreas de propiedad intelectual, transferencia de tecnología y acceso de mercado al sector financiero chino. Más allá de ello, la mayoría de los compromisos esbozados en el acuerdo ya han sido realizados por China unilateralmente o en foros internacionales como el G20 o la Organización Mundial del Comercio (OMC). Por ejemplo, el acuerdo requiere a China que cumpla totalmente con sus compromisos agrícolas de la OMC y con las resoluciones sobre subsidios y cuotas agrícolas. China ya ha decidido no apelar contra las decisiones del panel de la OMC y aceptado respetar las resoluciones.

A grandes rasgos, el acuerdo es un reempaquetado de compromisos previamente anunciados por China para abrir sus mercados domésticos y en línea con su movimiento hacia el establecimiento de una economía más basada en el mercado. De hecho, las autoridades chinas ven varias concesiones en las áreas de propiedad intelectual, servicios financieros y gestión de divisas como beneficiosas para el desarrollo económico del país y su extendida presencia en la economía global. Algunos analistas señalan que lejos de poner de rodillas a los chinos, China podría acabar siendo un mayor ganador sorpresa del acuerdo a largo plazo.

El acuerdo comercial de “fase uno” se queda muy corto en cuanto a cambios de políticas y reformas profundas de amplio alcance buscadas por el Gobierno de Trump cuando lanzó una guerra comercial con China en 2018. Por ejemplo, el acuerdo no aborda asuntos como el desmantelamiento de los subsidios industriales y el reducido papel de las empresas estatales en la economía china. Ni aborda los asuntos de ciberseguridad que EE UU caracterizó como “ciber-robo practicado, patrocinado y tolerado por el Gobierno chino” —un asunto espinoso que claramente desencadenó la guerra comercial—. Tras meses de negociaciones e imposición de aranceles en miles de millones de dólares en importaciones chinas, EE UU no ha alcanzado varios de sus objetivos declarados.

EE UU tiene la intención de empezar negociaciones en esos espinosos temas estructurales en la siguiente “fase dos” del acuerdo, pero todavía no está claro cuándo comenzarán estas negociaciones y si China reestructurará su modelo económico para apaciguar a EE UU. Probablemente China esperará hasta las elecciones presidenciales de este año en EE UU antes de unirse a las negociaciones en la “fase dos” del acuerdo de comercio.A continuación, un breve análisis de algunos de los elementos clave del acuerdo comercial de “fase uno”.

PROPIEDAD INTELECTUAL

La sección de Propiedad Intelectual cubre varios asuntos, incluidos los secretos comerciales, propiedad intelectual farmacéutica, patentes, indicaciones geográficas, marcas, y la aplicación de la ley contra bienes pirateados y falsificados. El acuerdo no propone cambios sustantivos en el actual régimen de propiedad intelectual de China excepto que China ha aceptado establecer un mecanismo para la pronta resolución de controversias de patentes relacionadas con fármacos y proporcionar extensiones del plazo de patentes para compensar por retrasos no razonables en los procesos de la oficina de patentes o de aprobación de fármacos.

Por sí misma, China iba a implementar algunos de los compromisos alcanzados bajo la sección de Propiedad Intelectual, pero la guerra comercial con EE UU retrasó el proceso.

El acuerdo declara: “Dentro de 30 días laborables tras la fecha de entrada en vigor de este Acuerdo, China promulgará un Plan de Acción para reforzar la protección de la propiedad intelectual”. Cualquier observador del régimen de propiedad intelectual de China atestiguaría que durante las últimas dos décadas, China ha reforzado constantemente la protección de los derechos de propiedad intelectual por su propio interés así como para cumplir sus compromisos internacionales bajo el Acuerdo de la OMC sobre Aspectos Relacionados con el Comercio de los Derechos de Propiedad Intelectual (TRIP, por sus siglas en inglés). No sólo China ha promulgado leyes más estrictas de derechos de propiedad intelectual en los últimos dos años, sino que también ha reforzado los procesos de aplicación de la ley a medida que el país asciende en la escalera tecnológica.

Vale la pena recordar que China quiere desarrollarse como un centro para la industria de alta tecnología e I+D avanzada. China ve su futuro en la economía guiada por la innovación y creando nuevos productos y servicios de alto valor añadido, respaldados por un estricto régimen de derechos de propiedad intelectual. Eso es por lo que China ha estado acercando su régimen de derechos de propiedad intelectual a otros países desarrollados.

TRANSFERENCIA DE TECNOLOGÍA

La sección de transferencia de tecnología trata de las obligaciones para prohibir las transferencias de tecnología forzadas en China. Aunque Beijing ha negado llevar a cabo tales prácticas, EE UU y muchos países desarrollados a menudo acusan a China de presionar a empresas extranjeras para transferir su tecnología a empresas domésticas como condición para obtener acceso al mercado o aprobaciones administrativas.

El acuerdo declara: “Ninguna de las partes requerirá o presionará a personas de la otra parte para transferir tecnología a sus personas en relación con adquisiciones, joint ventures, u otras transacciones de inversión… Cualquier transferencia o concesión de licencias de tecnología entre personas de una parte y aquellas de la otra parte debe basarse en términos de mercado que sean voluntarios y reflejen acuerdo mutuo”.

Mucho antes de este acuerdo, China había ya llevado a cabo medidas legales para prohibir transferencias de tecnología forzadas. En marzo de 2019, China adoptó una Ley de Inversión Extranjera (FIL, por sus siglas en inglés) que sustituye a tres leyes existentes que regulaban la inversión directa extranjera en el país. La FIL unificada prohíbe explícitamente la transferencia forzada de tecnologías mediante medios administrativos. En vigor desde el 1 de enero de 2020, la FIL estipula: “Las condiciones para la cooperación tecnológica deben determinarse por todas las partes inversoras en base a negociaciones en términos de igualdad bajo el principio de justicia y ningún departamento administrativo o su personal obligará a ninguna transferencia de tecnología por medios administrativos”.

Asimismo, la FIL también impone penalidades sobre los funcionarios chinos si obligan a firmas extranjeras a transferir su tecnología a entidades domésticas.

COMERCIO EN EXPANSIÓN

Quizás la mayor sorpresa del acuerdo de “fase uno” es el compromiso de China de comprar 200.000 millones de dólares adicionales en bienes y servicios estadounidenses durante un período de dos años (enero 2020-diciembre 2021). Incluye 77.700 millones en bienes manufacturados, 32.000 millones en productos agrícolas, 52.400 millones en energía, y 37.900 millones de servicios.Aunque este compromiso se pretende que sea sólo para dos años, plantea cuatro problemas clave. En primer lugar, los números son muy ambiciosos, especialmente para los productos agrícolas, y uno se pregunta si los exportadores estadounidenses pueden cumplirlo sin desviar exportaciones de otros países.

En segundo lugar, muchas de estas exportaciones estadounidenses seguirán siendo objeto de los aranceles de represalia impuestos por China durante la guerra comercial y, por lo tanto, serán relativamente más caros.En tercer lugar, ¿puede China obligar a sus compañías domésticas privadas a comprar productos de EE UU en vez de de otros socios comerciales con los que ha firmado acuerdos de libre comercio? En cuarto lugar, ¿no son este tipo de prácticas comerciales dirigidas una violación de las reglas de la OMC?

SERVICIOS FINANCIEROS

Otro elemento central del acuerdo comercial son los compromisos hechos por China de abrir su sector de servicios financieros a los bancos, compañías de seguros, empresas de gestión de activos, agencias de calificación de crédito y empresas de tarjetas de crédito de EEUU, y por lo tanto permitir a las instituciones financieras estadounidenses establecer entidades completamente controladas en el país.

A continuación están algunos de los principales compromisos de China con plazos específicos bajo el acuerdo:

* “China permitirá a los proveedores de servicios financieros de EE UU solicitar licencias de empresas de gestión de activos que les permitiría adquirir préstamos de dudoso cobro directamente de los bancos chinos, comenzando con las licencias provinciales. Cuando se otorguen las licencias nacionales adicionales, China tratará a los proveedores de servicios financieros estadounidenses de forma no discriminatoria, incluyendo con respecto a la concesión de licencias de este tipo”.

* “No después del 1 de abril de 2020, China eliminará el límite de participación extranjera en los sectores de seguros de vida, pensiones y salud y permitirá a las compañías de seguros de propiedad total estadounidense participar en estos sectores”.

* “No después del 1 de abril de 2020, China eliminará los límites de participación extranjera y permitirá a los proveedores de servicios de propiedad total estadounidense participar en los sectores de valores, gestión de fondos y futuros”.

Aunque las autoridades chinas ya habían anunciado algunos de estos compromisos en 2019, el acuerdo comercial de “fase uno” ha adelantado la planeada apertura del sector chino de servicios financieros de diciembre de 2020 a abril de 2020 para las empresas financieras con sede en EEUU.

A diferencia de la mayoría del resto de secciones, el acuerdo pide una apertura bidireccional del sector de servicios financieros. A cambio, EE UU también ha aceptado procesar rápidamente las solicitudes de los bancos, compañías de seguros y de valores chinos para entrar y operar en los mercados de Estados Unidos.

Sin embargo, hay un asunto político más amplio implicado aquí ya que la liberalización financiera puede suponer riesgos para la estabilidad del sistema financiero en China. La intención del Gobierno chino de abrir en mayor medida el sector financiero es para estimular más innovación y competitividad, pero está justificado un enfoque más cauto ya que los riesgos financieros se están acrecentando en el sistema financiero chino. La deuda corporativa no financiera, la deuda gubernamental, los préstamos de dudoso cobro y el opaco sector de la banca paralela suponen riesgos potenciales para la estabilidad financiera. Los recientes rescates de tres bancos regionales han expuesto las vulnerabilidades en el sector bancario chino.

Por lo tanto, va en el interés de China adoptar un enfoque de liberalización gradual de los servicios financieros para evitar las crisis financieras experimentadas por otras economías de mercado emergentes que adoptaron la liberalización financiera rápida.

POLÍTICA DE TIPOS DE CAMBIO

En agosto de 2019, el Departamento del Tesoro de EEUU calificó a China como manipulador de divisas. Pero eliminó formalmente la designación de China como manipulador de divisas sólo dos días antes de firmar el acuerdo comercial.

El acuerdo comercial de “fase uno” contiene una sección de dos páginas sobre políticas macroeconómicas y asuntos de tipos de cambio. Esta sección incluye varias provisiones que reafirman los existentes compromisos de ambos países en el G20 y FMI para abstenerse de devaluaciones competitivas y para evitar la manipulación de los tipos de cambio.Además, EE UU y China han acordado revelar públicamente datos sobre reservas de divisas y balances externos. Nada noticioso dado que ambos países ponen regularmente tales datos en el dominio público. La sección también contiene un mecanismo de aplicación si algún país no se adhiere a los compromisos sobre políticas o transparencia de tipos de cambio.

En general, las provisiones de gestión de divisas del acuerdo EE UU-China son menos sustanciales que el nuevo Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés). Por ejemplo, el USMCA requiere a los países miembros que revelen regularmente las intervenciones mensuales en los mercados de divisas al contado y a plazo. Y de ninguna manera el acuerdo de “fase uno” se parece al Acuerdo Plaza de 1985 que debilitó radicalmente al dólar estadounidense y reforzó al yen japonés.

Para concluir, el acuerdo comercial de “fase uno” entre EE UU y China indica una pausa en la actual guerra comercial, pero no mucho más.


 source: El Salto