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El balance negativo de los TLC

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por David Betancourt

En el mes de agosto de 2020 los colombianos conmemoramos los 201 años de la batalla de Boyacá, fecha que nos invita a evocar el ideal de libertad que inspiró a los héroes que lucharon con valentía, liderados por Francisco José de Paula Santander, el General Simón Bolívar y el Coronel Juan José Rondón a vencer las tropas realistas en una auténtica proeza, muchos entregaron su vida por esos nobles ideales. Su gran hazaña nos alienta para avanzar en la construcción de un país verdaderamente libre, justo y próspero, en donde las desigualdades históricas puedan ser superadas y el desarrollo sostenible germine en todas las regiones.

La meta del libertador Simón Bolívar luego de la emancipación del Imperio español era lograr la unión de los países suramericanos; en 1819 el sueño del libertador se cristalizó y por 11 años la Gran Colombia comprendía lo que en tiempos modernos conocemos como: Panamá, Venezuela, Colombia y Ecuador. De existir en nuestros días, los beneficios económicos, culturales y geopolíticos serían incuestionables. Por ejemplo, contaría con el mayor número de hispanohablantes en el mundo después de México y estaría dentro de la lista de los 10 países con mayor extensión territorial, y por supuesto, con un invaluable potencial energético.

La buena noticia es que los latinoamericanos aún tenemos el camino de la integración regional para enfrentar los desequilibrios históricos y crecientes del sistema económico neoliberal actual y la gran depresión que enfrenta el continente. Los acuerdos comerciales bilaterales tanto de comercio como de inversión[1] tienden a alejarse de los objetivos de desarrollo de la región (basados en un modelo extractivista y explotación de recursos naturales e insumos, muchos de esos acuerdos benefician tan solo un puñado de inversionistas ubicados en países del norte global, pues son los países del sur los que financian directa o indirectamente los altos estándares de vida de muchos de los países que hoy son desarrollados).

Además, no hay evidencia empírica que demuestre que dichos acuerdos bilaterales aumenten los niveles de inversión en los países que los han suscrito. Por otra parte, los países de la región también se enfrentan a un sistema legal internacional con variadas asimetrías y presiones indirectas, que tiende a beneficiar los intereses hegemónicos de centros de poder del norte global (como se ha evidenciado en la lucha por el acceso a un tratamiento o vacuna eficaz para la COVID-19, donde opera la lógica del mercado por encima de la salud y la vida de las personas) en un contexto de guerra comercial internacional.

No hay lugar a dudas que la integración económica regional es tal vez una de las estrategias más viables y reales frente a la crisis económica y social que enfrenta América Latina en el contexto de la pandemia actual. La ruta de la integración, el fortalecimiento institucional y el comercio intrarregional conduce a la prosperidad de las naciones que hacen parte de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), como el ejemplo de integración continental que más esfuerzos realiza en la actualidad para alcanzar los ideales que nos unen. Es importante resaltar el carácter supranacional de las normas de aplicación inmediata y directa por los países que la integran, este es un elemento característico y diferenciador de otros procesos de integración del continente. A la fecha cuenta con 862 Decisiones del Consejo y la Comisión en sus 51 años de existencia.

Los tratados bilaterales de comercio[2] que ha suscrito Colombia, no han impulsado de manera constante las exportaciones de los productos en los que somos competitivos tales como: derivados del petróleo, productos agrícolas, oro y manufacturas. Si miramos el periodo comprendido entre el 2015 y el 2018, las importaciones totales crecieron a una tasa promedio anual de 7.2% en valor y 5.9% en volumen, por encima de la tasa de crecimiento de las exportaciones colombianas, en otras palabras, la tendencia es de déficit comercial y no hemos cumplido la tarea de diversificar las exportaciones y reindustrializar el país. Sin duda, algunos dirán que la caída en los precios de los bienes básicos contribuye a este resultado negativo. Sin embargo, en 2018, la balanza comercial disminuye a (–US $7,106.3), explicada por el mayor crecimiento de las importaciones (11.3%) frente al de las exportaciones (10.4%)[3].

Colombia tiene, por el contrario, una balanza comercial positiva con los países que integran la Comunidad Andina de Naciones (CAN) conformada además por: Ecuador, Bolivia y Perú. Con 5 países asociados y 2 observadores. Esto nos anima a la acción, pues nuestros países esperan menos discursos y más resultados en tiempos de crisis. Hay buenas noticias, la Comunidad Andina de Naciones cuenta con 111 millones de habitantes en donde el 78 por cien de las exportaciones intracomunitarias son productos manufacturados[4]. Entre los logros que resalta la CAN a la fecha podemos citar que actualmente tenemos un orden jurídico andino que permite a los gobiernos adoptar normas comunitarias de obligatorio cumplimiento y políticas en temas de interés común para los países miembro.

Igualmente, tenemos un completo y dinámico régimen de Propiedad Intelectual que protege las creaciones del intelecto humano y un Tribunal Andino de Justicia muy innovador y de talla mundial. También, somos titulares del derecho de viajar con documento de identidad por ser ciudadanos andinos, sin necesidad de visa ni pasaporte, lo que facilita el libre movimiento de personas y trabajadores. Se ha logrado importantes avances en el marco regulatorio para la interconexión subregional de sistemas eléctrico e intercambio intracomunitario de electricidad y, aunque no lo crean, ¡hasta contamos con el Satélite SES-10 en la órbita 67º oeste de la CAN!

Por las razones expuestas anteriormente, creo que hay visión en la CAN para lograr estos objetivos. Hay potencial para ser una verdadera despensa alimentaria para el planeta como se ha planteado en la agenda. Esto permitiría alcanzar la soberanía alimentaria, la autonomía energética y promover el comercio intracomunitario y el apoyo de las pequeñas y medianas empresas andinas, al mismo tiempo que se potencia la diversificación de exportaciones al resto del mundo siendo los EE. UU el principal aliado comercial de la CAN; así como la promoción de la industria local y la generación de conocimiento. Lo anterior, necesariamente implica aumentar los niveles de inversión en ciencia, tecnología e innovación en cada uno de los países que integran la CAN.

La oportunidad de materializar el sueño de independencia real y material de nuestros próceres está en nuestras manos; con visión y acción los ciudadanos latinoamericanos lograremos construir una región próspera, justa y realmente libre, en donde sus ciudadanos no quieran abandonar su tierra, sino trabajar honestamente por ver crecer a sus hijos en un lugar maravilloso donde encuentran oportunidades concretas de desarrollo, disfrutando de las bondades del medio ambiente variado y rico en climas y culturas autóctonas.

Somos más de 111 millones de ciudadanos andinos los que contamos con la suerte de vivir y trabajar en esta región excepcional del planeta; más los millones de ciudadanos que seguramente ingresarán en el futuro al proceso de integración regional que avanza con inteligencia, batallando con reingeniería cada una de las dificultades presentes para revitalizar el sistema andino, hasta lograr los objetivos de libertad, paz, prosperidad económica e integración regional que compartimos desde hace más de dos centurias.

[1] Desde 2011 y hasta 2017, los flujos de Inversión Extranjera Directa representaron en promedio 4.3% del PIB. En 2018, se reducen a 3.3% según cifras del Ministerio de Comercio Industria y Turismo: https://www.mincit.gov.co/normatividad/docs/ley-1868-informe-2019.aspx

[2] Actualmente, Colombia cuenta con 16 acuerdos comerciales (incluyen tratados de libre comercio y acuerdos de alcance parcial) CAN (1973), Panamá y Chile (1993), Caricom y México (1995), Cuba (2001), Mercosur (2005), Triángulo Norte (2009), EFTA y Canadá (2011), E.U. y Venezuela (2012), Unión Europea (2013) y Corea, Costa Rica y Alianza Pacífico (2016). Fuente: https://www.mincit.gov.co/normatividad/docs/ley-1868-informe-2019.aspx

[3] Ver el informe del Ministerio de Comercio de 2019, en la página 17 y siguientes disponible en el siguiente enlace: https://www.mincit.gov.co/normatividad/docs/ley-1868-informe-2019.aspx

[4] Ver reporte estadístico de la CAN en el siguiente link: http://www.comunidadandina.org/StaticFiles/201972483640CANencifras2019(2).pdf


 source: ElitSD.ORG