Los tropiezos del acuerdo. El tratado Unión Europea-Mercosur no logra superar los escollos

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Los tropiezos del acuerdo. El tratado Unión Europea-Mercosur no logra superar los escollos

Por Javier Lewkowicz

El afán del gobierno argentino, acompañado por el de Michel Temer en la actual instancia, no ha resultado suficiente para traspasar los obstáculos que impone un importante lobby empresario europeo. Entre los industriales locales, temor y desconfianza.

La firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea sumó ayer un nuevo traspié, luego de las declaraciones del presidente de Francia, Emmanuel Macron, en favor de continuar protegiendo al sector ganadero de ese país. De todas formas, el Gobierno espera en el corto plazo poder alcanzar el objetivo de la firma. Hay dos grandes impulsores del mega convenio liberalizador: Mauricio Macri y los líderes de la Comisión Europea, un organismo supranacional que tomó carácter propio. Por el lado sudamericano, Brasil acompaña porque tiene el afán de recuperar posiciones en el concierto político global, mientras que en Europa los industriales, a favor del acuerdo, discuten contra el lobby agrícola que frena el acercamiento. Macri fue a buscar a Francia un gesto que no consiguió. El próximo martes hay una nueva reunión por el acuerdo en Bruselas.

El acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea implica la gradual reducción a cero de los aranceles en prácticamente la totalidad de las posiciones del comercio entre los bloques. Por fuera de la desregulación sólo puede quedar un puñado de productos de extrema sensibilidad. El resto queda sujeto a la reducción a cero, aunque la aplicación es paulatina en función del grado de daño comercial. La baja es más rápida en donde hay nula producción nacional y más lenta en donde hay mayor riesgo de pérdida de empleos. Las etapas de liberalización (que van de cero a diez años) en donde entra cada sector es parte de la negociación.

En términos de acceso a los mercados, entre el Mercosur y la Unión Europea hay una divergencia que admiten los propios negociadores argentinos. El Mercosur tiene aranceles altos en términos relativos para los bienes manufacturados, de alrededor del 15 por ciento. La eliminación de esa barrera es una zanahoria tentadora para los europeos y el mayor temor para los industriales locales. Los países desarrollados tienen aranceles industriales de alrededor del 2 por ciento, porque al ser competitivos no necesitan protección y el promedio de los países en vías de desarrollo tampoco alcanza el nivel de aranceles del Mercosur.

Los sectores manufactureros argentinos que mayor impacto podrían recibir son el automotor, maquinaria y bienes de capital y el químico, aunque las cámaras representativas de casi todos los industriales han manifestado públicamente sus reparos con el acuerdo. En Brasil también se esperan consecuencias industriales negativas. La manufactura del país vecino tiene más potencial exportador aunque también se perjudicaría si Argentina, su principal cliente en el capítulo industrial, accede a los productos europeos sin aranceles. Uruguay y Paraguay tienen un sector industrial mínimo, con lo cual el impacto negativo es casi nulo. De hecho, Uruguay llegó a plantear la firma un acuerdo de libre comercio con China.

Europa podría perder mercado en manos sudamericanas en determinados sectores agrícolas, como en carnes, etanol, vinos, lácteos y cereales. Argentina, en particular, exporta al viejo continente pellets de soja, cobre, mariscos, carne, limones, maní y vinos. Más allá de la mayor productividad del Mercosur en algunos de estos sectores y de la posibilidad de la baja de aranceles en Europa, hay relativo consenso alrededor de la idea de que los subsidios europeos no van a mermar y por lo tanto el acceso a ese mercado, incluso con la firma del acuerdo, no se allanará. Esa cerrazón europea la vivieron en carne propia Australia y Nueva Zelanda, que también trataron de negociar un relajamiento de las normas proteccionistas pero no lo lograron a causa del fuerte lobby agrícola.

Otro de los puntos sensibles para los industriales argentinos locales es el establecimiento de normas de origen que impidan que Europa venda al país productos que en realidad fueron fabricados en las economías asiáticas. Para los economistas heterodoxos, el acuerdo de libre comercio con la UE es directamente perjudicial porque profundiza el deterioro en la calidad de la inserción comercial internacional del país. En la visión del Gobierno, el país gana en términos “reputacionales”, al avanzar en la agenda del libre comercio, lo cual sería útil para atraer las inversiones.

source: Página 12